
La Habana. Fotos: Nuria Aguilera
Sería imposible imaginar La Habana sin su mar. Él es la causa fundamental de su existencia, su motor impulsor, su principal ecosistema. Ella es la consecuencia. La novia envejecida aun hermosa, quien protegida por varios kilómetros de muros se asoma anhelante desde su balcón a un Caribe a veces impetuoso, otras sumiso, que la abate y también la acaricia.
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