
El carnaval de La Habana, lleno de luces, música, baile, comida y bebida, con sus comparsas, congas y carrozas, es sin lugar a dudas, la festividad más popular de la capital y de toda Cuba.
Cada región de la isla celebra esta fiesta con características particulares, pero en la capital, por ser destino preferido de la emigración nacional, se mezclan las costumbres, dándole a los carnavales esa lucidez inigualable.
¿Pero, sabe usted amigo lector, desde cuándo se celebran carnavales en La Habana?
Pues, según la investigadora María Teresa de Rojas, las primeras manifestaciones carnavalescas en esta urbe se remontan a la segunda mitad del siglo XVI, cuando los colonizadores españoles y sus descendientes festejaban la llegada de la primavera al estilo europeo, con bailes, mascaradas y paseos domingueros, en una jornada conocida como las carnestolendas.
En tanto el sabio Don Fernando Ortiz, señala como génesis de los carnavales habaneros las fiestas de los negros, autorizados a salir a la calle a festejar el Día de Reyes, el 6 de enero. Con ello se sumaron elementos de la cultura africana a esa fiesta de origen católico.
La referencia más antigua encontrada acerca de bailes carnavalescos en la villa de San Cristóbal data de 1833 en un artículo periodístico que se refiere a bailes con máscaras efectuados en salones y teatros de la ciudad.
Desde 1895 existen indicios de la celebración de bailes populares organizados al aire libre, los que fueron suspendidos por temor a que sirvieran a los afanes conspirativos de la guerra de liberación organizada por José Martí.
Pero la primera noticia de un carnaval estructurado y organizado como lo conocemos hoy, nos llega desde el 1902, a través de un mandato de la alcaldía en que se establecían los itinerarios para los desfiles.
En la seudo república los festejos carnavalescos fueron sucesivamente suspendidos y autorizados de acuerdo con los intereses políticos de los gobiernos de turno.
Luego del triunfo de la Revolución se formaron colectivos comparseros en representación de de los sindicatos y organizaciones surgidas con el nuevo sistema político, hasta 1980, en que se inició el rescate de las tradiciones carnavalescas con una proyección contemporánea.
La situación económica de la Cuba revolucionaria, sometida a las altas y bajas de las condiciones políticas y económicas internacionales, ha motivado que el carnaval habanero tenga momentos de gran lucidez y otros en que incluso no se ha podido celebrar.
Pero, el cubano no pierde ocasión de divertirse, bailar, tomarse su cervecita o su roncito y quizás conseguir un nuevo amor. Por eso, los carnavales habaneros son fiestas multitudinarias en las que se mezcla la música con el vocerío de la gente y el olor de la cerveza que compite con el de la camisa o la blusa, sudadas tras unas cuantas cuadras arrollando al compás de la tumbadora que trajimos de África, el cencerro que trajimos de Europa y la corneta china que no trajimos de China, sino de Santiago de Cuba.
Es que el carnaval, tanto en La Habana como en Santiago, es fiesta de pueblo.
