
Al llegar a la intersección de las calles Monserrate y Obispo, un cartel sugiere no solo el nombre dado a un establecimiento especializado y de celebridad, sino también la publicidad que lo lanza al mundo como: “La cuna del daiquirí”, lugar donde se dieron cita ilustres personalidades de La Habana bohemia de otros tiempos. (Foto: toriavey.com)
La Habana tiene lugares de especial encanto, conservados desde su fundación en 1519. Por ello nada mejor que escuchar la voz de esa invitación perenne, traída desde los aires, a recorrer cada rincón de historia y tradiciones, como comienzo a la aventura de descubrirla por dentro y darla a conocer a los demás.
Caminar por las calles empedradas de la vieja ciudad e ir más allá de los límites de sus comienzos, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad en 1982, permite acceder al centro urbano que ya desde el siglo XIX comenzó a extenderse para conformar hasta hoy la capital cubana.
Así es posible conducirse, llevados de la mano de la curiosidad, en el propósito de entender el por qué de sitios reconocidos internacionalmente que trascienden en el tiempo. Por ejemplo, el bar-restaurante Floridita, adonde los visitantes encuentran más que una respuesta audible, la recreación de todos sus sentidos dispuestos para llevarse consigo una experiencia inolvidable.
Aunque existen infinidad de momentos que hablan de su inicio y desarrollo, la noticia de arribar a los 195 años, constituye motivo especial para dar gracias y desear mayor durabilidad a este lugar, de ambientación recreada a la usanza de los años 40, que perpetua su nombre por la calidad y excelencia de sus servicios.
Al llegar a la intersección de las calles Monserrate y Obispo, un cartel sugiere no solo el nombre dado a un establecimiento especializado y de celebridad, sino también la publicidad que lo lanza al mundo como: “La cuna del daiquirí”, lugar donde se dieron cita ilustres personalidades de La Habana bohemia de otros tiempos.
Traspasar el umbral por una puerta común, es el primer paso para encontrar el pasado llevado al presente. Solo una mirada basta para impresionarse ante la escultura de bronce esculpida en honor al escritor norteamericano Ernest Hemingway que, en el extremo izquierdo de la barra, invita a saborear el refrescante coctel, elaborado con ron Havana Club, jugo de limón y abundante hielo frapé.
Desde allí el asiduo visitante que vivió en Cuba por más de dos décadas, de alguna manera continúa promoviendo la instalación, perteneciente en la actualidad a la Empresa Palmares, distinguida por la variada oferta gastronómica y coctelera. El presente refiere, además, la dedicación de las personas que en el anonimato trabajan en el servicio.
Estela Cruz Alonso, reconocida por sus 25 años de labor ininterrumpida expresó: “Me place pertenecer a este colectivo declarado Vanguardia Nacional, por la Central de Trabajadores de Cuba, como estímulo a la experiencia y al empeño de transmitirla a los más jóvenes. Es el compromiso hecho realidad en el quehacer cotidiano, de respeto y dedicación por la Revolución y la sociedad”.
El centenario bar-restaurante, ha sido visitado por famosos artistas e intelectuales como Federico García Lorca, Miguel Ángel Asturias y Errol Flyn. A la preferencia por la especialidad en mariscos, se añade una frase de Hemingway, cuya intención populariza este sitio de Cuba, porque ¡qué bueno es disfrutar! ”Mi daiquirí en el Floridita”

