En busca de otra historia de amor de las muchas que encierra ese gran Mausoleo que es la Necrópolis de Colón en La Habana, la historiadora-misionera María Antonia Ruiz Guzmán nos relató la de un conmovedor epitafio en un sepulcro, donde aparecen en todas partes: la tapa, el banco, el piso y la tarja, hermosos mensajes de amor.
En uno de ellos, dirigido a curiosos como nosotros, dice así.
Bondadoso caminante:
Abstrae tu mente del ingrato mundo unos momentos y dedica un pensamiento de amor y paz a estos seres, a quienes el destino tronchó su felicidad terrenal y cuyos restos mortales reposan para siempre en esta sepultura, cumpliendo un sagrado juramento.
Te damos las gracias desde lo eterno,
Margarita y Modesto.
¿Y quienes eran estos dos seres a quien el destino tronchó su felicidad? Sus nombres Modesto Canto Menjíbar y Margarita Pacheco Alonso; nacido él el 18 de septiembre de 1897 y ella, 23 años después, el 25 de octubre de 1918.
Un buen día la mirada de uno y el corazón de la otra se encontraron y decidieron unir sus vidas jurando amarse eternamente.
Margarita no pudo disfrutar en vida del amor eterno que le prometió de Modesto y tristemente falleció con solo 39 años el 28 de diciembre de 1959, precisamente el año en que vio nacer a la Revolución Cubana.
Ella fue enterrada al día siguiente en una humilde sepultura en el cuartel Noreste cuadro E, pero Modesto sin reparar en su angustia se dispuso de inmediato en hallar para su esposa una sepultura que fuera digna de ella y sin más recursos que su salario de profesor reunió centavo a centavo para comprar una parcela en el cuartel Sureste, cuadro primero de campo común donde empezó a construir una con sus propias manos.
Engorroso trabajo hacer el lugar donde descansaría el ser a quien tanto quiso, nos relata María Antonia Ruiz, misionera-historiadora del cementerio Colón, y realizaba la labor con la tenacidad de quienes no tienen más riqueza que el de su inmenso amor. Primero-dice- elevó un muro que utilizó para apoyar dos bustos fundidos en bronce, con los rostros de ellos dos y sobre la lápida escribió dos dedicatorias.
Mi idolatrada Margarita:
No existe miseria humana capaz de manchar
La infinita grandeza de tu alma
Que sufrió resignada
La angustia de este malvado mundo.
Tu Modesto
Marzo de 1960.
Modesto mío:
El destino nos unió en esta vida
Y aún después de la muerte seré tuya.
Tu Margarita
Marzo de 1956
(era la dedicatoria de un retrato)
Se grabaron además la fecha de nacimiento y muerte de Margarita, así como la del nacimiento de Modesto, faltando por poner la de su muerte.
Terminada la obra, las personas que visitaban el cementerio escuchaban a lo lejos una música que vibraba a los acordes de un violín, curiosos intentaron descubrir su procedencia, pero Modesto jamás permitió que usurparan su intimidad ni su dolor, dejando de sonar la música cada vez que alguien se acercaba. No hubo más intrusos por respeto a ese amor aunque la melodía de su sufrimiento llegaba a todos.
El 27 de septiembre de 1977 murió Modesto dejando atrás las tardes en que su violín tocaba sentidas notas a su amada Margarita y los muchos poemas que le dedicó sentado sobre el banco construido por él, al lado de la tumba, humedeciéndolos con lágrimas de amor de las que solo Dios fue testigo.
También a un lado del sepulcro, queriéndolas el tiempo borrar, hallamos una dedicatoria, legible al contacto de la mano que dice sencillamente así:
Mi Margarita:
Tú eres luz divina en mi existencia terrenal y eterna
jamás morirá el sublime amor que nos une, porque es un
designio de lo eterno, que guía por siempre nuestro destino.
Tu Modesto.
Modesto y Margarita, dos amantes cuya historia es también un amor de leyenda.


