Un intenso sol brillaba sobre la Isla de Pinos1 el 15 de mayo de 1955, en el instante en el que algo que parecía inverosímil se convertía en realidad: salían de la cárcel Fidel Castro y sus compañeros asaltantes al cuartel Moncada.
Sus rostros juveniles evidenciaban la emoción del momento tras cumplir poco menos de dos años de injusto y cruel encierro por el único delito de luchar por la libertad de Cuba.
Transcurridos 22 meses del amañado juicio, y con motivo de las entonces próximas elecciones presidenciales con las que Fulgencio Batista pretendía dar algún aire de legalidad a su régimen golpista y tiránico, se anunciaba una ley de amnistía para los presos políticos, la cual excluía a los protagonistas de los sucesos del 26 de julio de 1953.
Sin embargo, dándose cuenta de que entre la población cubana crecía cada vez más la simpatía hacia los moncadistas2, el propio dictador insinuó en un discurso la posibilidad de incluirlos en el indulto, bajo la condición de que ellos renunciaran públicamente a la lucha armada.
La respuesta que llegó desde la prisión fue apegada a sólidos principios éticos y categórica “No queremos amnistía al precio de la deshonra”, así lo declaró Fidel en un artículo publicado el 27 de marzo de 1955 en la revista Bohemia, la de mayor circulación en Cuba durante esa época.
Venció la presión popular que fue capaz de doblegar la terquedad del Gobierno dictatorial, a lo que se sumó que Batista terminó calculando que sería mejor liberarlos y luego hostigarlos para que se vieran obligados a abandonar el país.
Bajo esas circunstancias, el 15 de mayo de 1955, los asaltantes al Moncada salían en libertad, y a bordo del barco nombrado Pinero abandonaban la isla del presidio. Fue en medio de esa travesía que acordaron denominar a la organización revolucionaria Movimiento 26 de Julio.
Numerosos familiares, amigos y simpatizantes fueron al encuentro de los jóvenes recién excarcelados. Los recibieron con gran emoción como a verdaderos héroes. Esos momentos marcaban una nueva y no menos compleja etapa de lucha.
Transcurridos sólo nueve días ya la policía había acusado a Raúl Castro con el pretexto de que realizaba actividades subversivas. Más adelante, el 15 de junio, al producirse la explosión de una bomba casera en el capitalino cine Tosca, fue encausado por participar supuestamente en esa acción.
Como las provocaciones no cesaban, Fidel le indicó que solicitara asilo político en la embajada mexicana y viajara hacia ese país. Al materializar esas indicaciones, Raúl se convirtió en el primero de los moncadistas que llegó a México tras ser liberado.
En julio viajó a México Fidel, quien antes de salir del país, declaró públicamente que en Cuba estaban cerradas todas las vías para llevar a cabo la lucha política normal, y no quedaba otra opción que retomar las experiencias de los patriotas de las Guerras de Independencia de 1868 y de 1895.
Las declaraciones de Fidel equivalían a una abierta declaración bélica al régimen dictatorial de Fulgencio Batista. Todo ello desembocaría, un año y medio más tarde, en el desembarco del yate Granma, otro hito de la historia de Cuba que colocaba la proa hacia el triunfo del primero de enero de 1959.
Hoy, a más de seis décadas de la excarcelación de los jóvenes que pasarían a la historia como la Generación del Centenario del Apóstol, las actuales generaciones de cubanos llevamos adelante la Revolución que, al decir de Fidel, inició Carlos Manuel de Céspedes hace un siglo y medio.
1-Hoy Isla de la Juventud. (Nota de la autora)
2-Moncadistas: se nombran así a los participantes en los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo. (Nota de la autora)

