Celia: flor para amar

Celia: una flor que se destaca entre las flores. Diseño: Gilberto González García

Celia: una flor que se destaca entre las flores. Diseño: Gilberto González García

Flor para amar, estrella para mirar y coraza para resistir, así definía José Martí a la mujer; Celia Sánchez Manduley se ajusta plenamente a ese sentir.

De niña fue parecida a las demás de su localidad, la oriental Manzanillo, aunque sobresalía en su semblante infantil la sonrisa constante y una mirada peculiarmente tierna. Durante la niñez, adolescencia y juventud, su padre le inculcó un profundo apego al ideario martiano, el que tuvo como colofón el instante en que colocaron, ambos, en el pico Turquino el busto del Héroe Nacional cubano.

Emergió como joven madura, capaz de ofrendar hasta la vida a la patria amada, en sus tareas de la clandestinidad, bajo las órdenes de Frank País, tributando a los preparativos para asistir y trasladar a los expedicionarios del yate Granma, primero y luego a otros combatientes que se iban sumando al acontecer de la Sierra Maestra.

Más adelante ella misma combatiría como parte del pelotón femenino al que no por casualidad nombraron Mariana Grajales, integrado al naciente Ejército Rebelde. En ese espacio físico se colocaría, de una vez y por todas, al lado del Comandante en Jefe, Fidel Castro, haciendo funciones de asistente y convirtiéndose a cada instante en su compañera inseparable, o su mano derecha para cuestiones organizativas, documentales y otras afines.

Tras el triunfo de la Revolución, acontecido el primero de enero de 1959, Celia se trasladó hacia La Habana, junto a Fidel y al Estado Mayor del Ejército Rebelde. Continuaría entonces, desde esa estratégica posición, asistiendo al líder de la Revolución, labor singularmente intensa en esos primeros años.

Durante un largo período, entre 1959 y 1975, en la etapa denominada como de provisionalidad por la carencia de estructuras institucionales del Estado, Celia atendió directamente, con peculiar sensibilidad y eficiencia, las inquietudes, quejas y solicitudes que la población enviaba a través de cartas al Comandante en Jefe y ella se encargaba de responderlas de forma personalizada e incluso de canalizarlas para sus posibles soluciones.

Al meticuloso empeño de Celia debemos también el archivo documental desde la Sierra y durante los primeros años, tras el triunfo de la Revolución. Personalmente lideró, por orden de Fidel, el impulso constructivo de emblemáticas sitios como el Parque Lenin y la heladería Coppelia, en los cuales se erigieron por voluntad popular, luego de su partida física, esculturas dedicadas a ella.

El 11 de enero de 1980 dejaba de respirar Celia Sánchez Manduley. Como era de esperar, las honras fúnebres devinieron multitudinaria manifestación de duelo popular. La última guardia de honor la encabezó el Comandante en Jefe, en cuyo semblante se traslucía el profundo dolor por la pérdida física de la compañera inseparable de lucha, de la amiga entrañable e incondicional, de la revolucionaria consecuente, a la que él definiría como la flor más autóctona de la Revolución.

En la cubana actual, que protagoniza la vida política, social y económica, empoderada en importantes cargos desde la base hasta el nivel central del Estado como parte de la continuidad generacional presente de la Revolución, materializando el legado de Fidel, vive renovada Celia, que cumple a cabalidad el sentir martiano de que la mujer ha de ser al unísono coraza para resistir, estrella para mirar y flor para amar.

Haydée (a la derecha) junto a Fidel Castro y Celia Sánchez. Foto: Internet

Celia Sánchez (a la izquierda) junto a Fidel Castro y Haydée Santamaría. Foto: Internet

Celia en compañía de su padre Manuel. Foto tomada de Juventud Rebelde

Celia en compañía de su padre Manuel. Foto tomada de Juventud Rebelde

Mujeres cuabanas. Foto: Juventud Rebelde

Mujeres cuabanas. Foto: Juventud Rebelde

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