Celia Sánchez: mujer leyenda de verde olivo y mariposas

Celia Sánchez Manduley. Foto: Cubadebate

Celia Sánchez Manduley. Foto: Cubadebate

Mirna y Jorge iban a contraer nupcias y como novios apegados a la tradición, quisieron apresar en imágenes aquel momento feliz; para hacerlo escogieron los más hermosos escenarios de la ciudad de Manzanillo, y entre ellos -cuenta Mirna- no podía faltar el sitio en el salón de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Guacanayabo, dedicado a Celia Sánchez Manduley.

En aquel lugar un inmenso retrato y un ramo de mariposas, eterniza la imagen de la querida guerrillera; luego vendría para los novios la foto en el museo dedicado a la combatiente, en las escalinatas de la calle Caridad, ambas instantáneas que se han convertido en tradición.

Y es que Manzanillo ama entrañablemente a Celia, nombre con el que han inscrito en este territorio a muchas niñas a manera de homenaje a su memoria, así como a cientos de niños en la Isla le han nombrado Fidel o Ernestico.

Históricamente Manzanillo se enorgullece de su relación con la heroína, fue allí donde hizo la Celia adolescente su preparatoria para la entrada al Instituto de Segunda Enseñanza y sus primeros tres años de bachiller, pero fue en este lugar también que de mujer se convirtió y accionó como una de las fundadoras del Movimiento 26 de Julio, conocía esa ciudad como la palma de su mano y le resultaba un escenario ideal para la conspiración; para ella innumerables puertas podían abrirse a la hora de burlar al enemigo.

La tiranía batistiana nunca logró apresar a Celia, su intrepidez y valentía la salvaban de cualquier encerrona o sospecha, pero contó asimismo con sobradas manos amigas de hombres y mujeres de ese pueblo, que se extendían para protegerla y apoyarla.

Sin embargo, todos sabemos que el cariño hacia Celia Sánchez en Cuba desborda a Manzanillo, porque viene como cascada desde lo más alto del Turquino, donde colocó con su padre el busto del Apóstol, de las costas donde preparó la llegada del Granma, de las serranías de Oriente que la vieron alzarse como la primera mujer en la guerrilla y también la primera en empuñar un fusil; y más allá de los llanos en los que realizó peligrosas y delicadas misiones que le encomendara Fidel.

Cuando llegó el triunfo revolucionario los cubanos la veían como el brazo derecho de Fidel, la madre protectora, la del oído receptivo para interpretar la voz del pueblo, la amiga a quien acudir siempre, la que preservó cada documento del último período de la historia insurreccional en la Isla, y la creadora de importantes proyectos en beneficio colectivo, que por siempre llevarían su impronta.

Fue por todo el amor acumulado en el corazón de los cubanos hacia Celia Sánchez Manduley que aquel 11 de enero de 1980 se agolpó en el pecho de millones, una nostalgia indescriptible, fue cuando la vida ensayó para ella un último adiós, un infructuoso intento de alejarla de nosotros por parte del destino que su pueblo no aceptó porque “la flor más autóctona de la Revolución” logró hacerse eterna entre los cubanos.

Tal como Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, vió la luz en su pueblito de Media Luna, el 9 de mayo de 1920, así vivió de iluminada por la justicia y el amor a los humildes, y es la obra a la que dedicó su existencia la que le hace renacer en cada una de las batallas y las victorias de su patria. Presiento cada 9 de mayo que el vientre de la patria pare de nuevo a la heroína.

Quien mucho la conoció, su compañero de luchas Armando Hart Dávalos, describió así su carácter y su don de hacerse perdurable:

“Celia -todos sabemos- era rigurosa y exigente en los principios. Era a su vez apasionadamente humana y tierna. Tenía la capacidad de entrega, el desprendimiento personal, la sensibilidad humana y la exquisita dulzura de que solo son capaces las mujeres. No había injusticia por reparar, no había problema humano por resolver, no había cuestión de interés revolucionario por abordar y en los que Celia pudiera intervenir, que ella no lo hiciera con firmeza, con modestia, cariño y decisión y también con ferviente pasión revolucionaria”.

En el imaginario popular anda Celia entre nosotros, muestra de lo maravillosamente posible que puede ser esa conjunción humanamente expresada en ella y de manera tan peculiar: fortaleza y suavidad, Revolución y paz, dirigente y hermana; una suerte de mujer realidad y leyenda, presencia de “verde olivo y mariposas”.

Mirna y Jorge en el momento en que contraín sus nupcias. Foto: Ania González

Mirna y Jorge en el momento en que contraín sus nupcias. Foto: Ania González

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