Celia, la más autóctona flor de la Revolución, la guerrilera ejemplar, la combatiente amada por todo un pueblo, no tuvo que leer libros de filosofía para saber desde muy temprano de que lado estaría la causa de su vida; y ese accionar sin descanso por los más humildes lo aprendió de José Martí de la mano de su propio padre y por esa espiritualidad y vocación de rebeldía y justicia, que nutrieron su existencia e hicieron de ella un alto símbolo del valor y ternura de la mujer cubana.
Cada 11 de enero la historia nos indica, desde su calendario, que en fecha como esta Celia Sánchez Manduley desapareció físicamente.

