
Museo Naval de Cienfuegos. Foto: Internet.
Cuando el sol iluminó la pintoresca ciudad de Cienfuegos en el amanecer del 5 de septiembre, ya había acontecido la ágil toma de Cayo Loco, sede del Distrito Naval del Sur, perteneciente a la Marina de Guerra.
Tras el primer paso victorioso las acciones se intensificaron y extendieron a otros sitios de la ciudad, que también quedaron bajo dominio revolucionario, tales como la policía marítima, una subplanta eléctrica y la estación de la policía nacional, esta última aledaña al Ayuntamiento del territorio.
Inicialmente eran algo más de 70 combatientes, comandados por Julio Camacho Aguilera, en representación del Movimiento 26 de Julio, mientras que los jóvenes oficiales de la Marina de Guerra designaron como su jefe al alférez de fragata José Dionisio San Román.
Desde horas muy tempranas la mayoría del pueblo cienfueguero acogió el levantamiento como suyo y se sumó con prontitud a las acciones. Personas de todas las edades y procedencias sociales pidieron armas para luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Durante cinco horas, los sublevados y la población civil fueron sometidos a intensos bombardeos y fuego cerrado por parte de la aviación y los refuerzos que llegaron procedentes de la vecina Santa Clara.
En el horario del mediodía, el grupo de valientes enfrenta enérgicamente al ejército de la tiranía, convirtiendo en campo de batalla las áreas del Colegio San Lorenzo, el Teatro Tomás Terry, la Droguería Cosmopolita, el Ayuntamiento y otras plazas de la localidad.
A pesar de la notable superioridad del enemigo, la resistencia popular fue heroica. Los últimos focos de resistencia, con la ciudad bañada en sangre, llegaron hasta la madrugada del 6 de septiembre, en el Colegio San Lorenzo y el edificio del tostadero de café El Sol.
El plan había sido concebido como un levantamiento conjunto de alcance nacional, con acciones militares en varias ciudades que no pudieron desarrollarse según lo previsto.
El alzamiento de Cienfuegos quedó aislado, lo que a su vez le ofreció mayor connotación, pues el pueblo fue capaz de enfrentar, con pocas armas, la superioridad del ejército batistiano armado y entrenado por los Estados Unidos.
