El combate de Sao del Indio: una proeza de Antonio Maceo

Imagen tomada de Cuba Literaria

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Derroche de valentía y bríos mostraron los mambises el 31 de agosto de 1895 al protagonizar uno de los combates más sangrientos y encarnizados de la guerra que tuvo lugar ese año, reconocido como el de Sao del Indio.

Después de Peralejo, el general Antonio Maceo se dirige a Santiago de Cuba y en un territorio conocido por Sao del Indio se encuentra con la columna hispana del coronel Canellas. Unidas sus fuerzas a las de su hermano José, comienza el combate que durará alrededor de 36 horas.

Las bajas españolas en esa escaramuza fueron más de 200, entre muertos y heridos; las de los cubanos ascendieron a 89, en ambas categorías.

La historia lo recoge de la siguiente manera: el acontecimiento sucedió al suroeste de Guantánamo; en número de unos 650 efectivos, combatieron contra una columna de unas 900 plazas, integrada por un batallón del regimiento Simancas, tres escuadrones de línea, 200 hombres de las escuadras de Guantánamo y una pieza de artillería. El jefe de esa columna era el coronel Francisco Borja Canellas.

Los españoles salieron de Guantánamo el 29 de agosto con el objetivo y la ilusión de capturar o matar a José Maceo, debido a que un soldado español que había estado prisionero en la prefectura de Casimba escapó con la información de que el jefe mambí estaba casi inválido a causa de una ciática doble y permanecía sólo con una escolta que no sobrepasaba los 50 hombres. Por la razón expuesta Canellas consideraba que aquella sería una incursión sencilla y victoriosa, pero pronto comprobó que estaba equivocado.

Mediante un patriota guantanamero, José recibió información de que la tropa enemiga había salido en su búsqueda; también le explicó su composición.

Sin embargo, su enfermedad no fue obstáculo: José montó en su caballo y fue personalmente a dar las disposiciones necesarias, y en la tarde del 30 llegó a las alturas de Santa María de Savigne. Ya había enviado un mensaje a su hermano Antonio en el cual le informaba de la situación.

El lugarteniente general recibió este mensaje a las 18:00 horas del día 30, cuando se preparaba para hacer noche en las alturas de El Escandel, a 36 kilómetros del punto donde se hallaba José. Sin perder un minuto Antonio emprendió la marcha hacia Ramón de las Yaguas, para auxiliar a su hermano, que corría serio peligro.

José Miró Argenter señala en sus crónicas que esta fue una marcha fenomenal, en una noche tenebrosa, por caminos horribles y sin un minuto de descanso, en la cual quedaron caballos y acémilas por quebradas y senderos del monte. A las 03:00 horas del 31 llegaron las tropas de Antonio a su lugar de destino y desde allí avisó a su hermano con el objetivo de que supiera que estaba listo para atacar por la retaguardia.

Desde la tarde anterior José había comenzado a hostilizar a Canellas; el jefe español no le dio importancia a este hecho pensando que eran los guardias de las prefecturas los que hacían fuego sobre sus tropas, pues no podía imaginar que José estaba avisado y mucho menos que Antonio había llegado para combatir junto a su hermano.

Al amanecer del 31 la columna emprendió la marcha por el camino de La Pimienta, rumbo al hospital de Casimba; pero en el sitio conocido como Palmar de Ampudia tuvo que combatir contra una emboscada de contención situada por José Maceo. Con gran esfuerzo los colonialistas pudieron ocupar la posición. Antonio mandó al brigadier Agustín Cebreco a flanquear al enemigo por la izquierda.

Cebreco, con sólo 200 hombres, cumplió la misión y llegó hasta el río Baconao, donde José, en lo alto de la loma del Trucutrú, se batía con los hombres de Canellas, que redoblaron sus esfuerzos ante la nueva situación, atacando con rudeza; pero su vanguardia fue rechazada al tiempo que su retaguardia era atacada por las tropas de Maceo, y poco después su centro también sufría el fuego de los insurrectos que se posesionaban de las alturas de Sao del Indio y los obligaban a retroceder y buscar protección en los montes de Casimba con numerosas bajas.

Los conocedores del suceso afirman que el combate duró nueve horas y se caracterizó por la cercanía en que pelearon ambos contendientes. Hubo un intento de los insurrectos de apoderarse de la pieza de artillería, cuya dotación fue arrollada; pero la intervención de las escuadras de Guantánamo impidió el éxito de este lance.

La columna española emprendió la retirada hacia Guantánamo hostilizada constantemente por el fuego insurrecto. Maceo ordenó al coronel Pedro A. Pérez dejar libre el paso para hacerla caer en una trampa con explosivos. Eran dos bombas de dinamita, una de las cuales estalló en la vanguardia; la otra debía ser detonada cuando los españoles retrocedieran; Canellas ordenó seguir avanzando sin ocuparse de los estragos sufridos por su vanguardia.

El primero de septiembre llegó la columna al río Higuanábano hostilizada constantemente por los cubanos, que vivaquearon casi junto a los españoles. Al enemigo le faltaba aún media jornada por llegar a Guantánamo bajo la hostilidad mambisa, y en la madrugada del día 2 levantó sigilosamente el campamento y emprendió marcha hacia la ciudad ya cercana. Al amanecer estaba a la vista de los fuertes, por lo que los cubanos solo pudieron hostilizar brevemente su retaguardia.

La marcha realizada por las tropas de Antonio desde el Escandel hasta Ramón de las Yaguas quedó como ejemplo de resistencia y tenacidad entre las fuerzas del Ejército Libertador, razón por la cual el brigadier Miró Argenter, en sus Crónicas de la Guerra, señaló que la milicia cubana era la más fuerte y andariega de todas las del mundo.

Con este combate, considerado una proeza de Antonio Maceo, concluyó la llamada Campaña de Oriente de ese jefe mambí.

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