Como la madre de todos los cubanos

Del Turquino a La Habana, y en cada primavera, renace como flor de la Sierra: Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, viva, en su terruño o por el mundo, en cada rostro y sueño de cubana de ley. (Foto: soplodesueos.bloguea.cu)

Del Turquino a La Habana, y en cada primavera, renace como flor de la Sierra: Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, viva, en su terruño o por el mundo, en cada rostro y sueño de cubana de ley. (Foto: soplodesueos.bloguea.cu)

En el mes de las flores, en día marcado por el nueve, le nació a Cuba una mujer toda historia, que al llegar al mundo bautizaron con el nombre de Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley. Y fue premonitorio aquel nombre, anuncio para la razón de su existencia: proteger siempre a sus más humildes coterráneos. Como dijera alguien a ella muy cercano “Fue como la madre de todos los cubanos”.

Y con ese signo, condujo Celia su destino al fin sublime de la libertad; ella, “mujer–patria”, se hizo rebelde, heroína, alma del pueblo, fundadora y por siempre: mariposa de ternura y luz.

Con su historia, la intrepidez de su accionar, late aún en las calles de Manzanillo. Fue en los preparativos del desembarco del Granma, cuando calladamente se trasladaban en la nocturnidad manzanillera armas y pertrechos, sobre cuerpos de mujer, combatientes del Movimiento revolucionario 26 de Julio, que “…Celia ideó la confección de trajes negros, compuestos de falda y chaqueta, con amplios bolsillos, en ellos llevarían material quirúrgico y otras cosas indispensables….” *. Feminidad y valentía, esa fue su esencia.

Es para ella y como ella, delicado y fuerte, el monumento de orquídeas que le eterniza en su natal Media Luna, porque en las flores habita su presencia, expandiendo su aroma por los jardines y bosques más auténticos de la Isla, en cada obra sellada con su impronta.

¡Celia,…Celia! Parece aún repetir en el Oriente cada arroyo que baja de la Sierra, las olas que acarician la costa, el cómplice susurro de una voz, de oído a oído, en la ciudad, donde su nombre es canto y eco del Guacanayabo.

Del Turquino a La Habana, y en cada primavera, renace como flor de la Sierra: Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, viva, en su terruño o por el mundo, en cada rostro y sueño de cubana de ley.

* Tomado del libro “Manzanillo en los 50 Rebeldía y Revolución”, del autor Delio G. Orozco González.

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