Conrado Benítez, el maestro que aún vive

Foto: Internet

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Aquellos que conocieron a Conrado Benítez lo recuerdan como un joven callado, tímido y respetuoso. De procedencia humilde, nació en la provincia de Matanzas el 19 de febrero de 1942.

Desde pequeño mostró interés por los estudios, sin embargo, se vio obligado a trabajar desde segundo grado. En 1954, al aprobar el sexto grado, matriculó la enseñanza primaria superior. Durante el día laboraba como panadero para contribuir al sustento de la familia y estudiaba de noche con el objetivo de encontrar un futuro mejor que solo fue posible tras el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.

Documentos de la época apuntan que su asesinato fue a sangre fría, y sin otra razón que la de su condición de alfabetizador, a manos de la banda contrarrevolucionaria de Osvaldo Ramírez en la zona del macizo de Escambray el 5 de enero de 1961.

El hecho lo convirtió en uno de los mártires más populares de la Revolución Cubana. En su honor, los grupos de alfabetizadores recibieron el nombre de Brigadas Conrado Benítez, y en su memoria se escribieron canciones; la de Carlos Puebla fue la más conocida.

Sobre el fatídico suceso el Comandante en Jefe Fidel Castro señaló: “Qué vergüenza para el imperialismo comprobar que el crimen fue inútil, que el asesinato de un maestro humilde de nuestro pueblo se convirtió en 100 mil brigadistas Conrado Benítez”.

Desde niño abrazó el magisterio, aunque también quería estudiar Ingeniería Eléctrica. Se incorporó en 1960 al primer destacamento de maestros voluntarios en la Escuela de Capacitación Pedagógica de Minas de Frío, que impartirían clases en las montañas. En una ocasión señaló que permanecería dando clases en la Sierra Maestra todo el tiempo que fuera necesario.

En la Sierra Maestra, durante el entrenamiento, el futuro maestro conoció a quien sería su novia, Nancy Inerarity, pero no dijo nada de sus sentimientos ya que quería materializarlos cuando se graduaran.

Al terminar los estudios dio clases en la escuela situada en la finca San Ambrosio en las montañas de Sancti Spíritus, donde alternaba la atención a 44 niños por el día con otros tantos adultos por las noches.

Benítez y la maestra Magalys Olmos López fueron los primeros en ser ubicados en el Escambray, específicamente en una intrincada zona de Trinidad, en la región montañosa del centro del país.

Ella fue la última alfabetizadora que viera con vida al joven. Era un lugar muy aislado y conflictivo, donde operaban las guerrillas contrarrevolucionarias de Julio Emilio Carretero y Osvaldo Ramírez.

A Magalys la situaron en Ciego Ponciano; a él, en Sierra Reunión, donde fue el primer maestro de esa área. Allí construyó su escuela en un aserrío y ayudó a su compañera a levantar la suya.

Para solucionar la falta de asientos para los alumnos, clavó unas estacas y le puso tablas encima porque lo más importante para él era que todos los campesinos y los niños aprendieran. Los últimos días de 1960 los pasó con su familia y su novia. El anhelaba casarse, luchar por la Revolución y seguir superándose.

Al regreso, el 4 de enero de 1961, llegaron a la casa del campesino Felo González, luego de que otro de la zona les advirtiera que debían detenerse porque se conocía de la presencia de contrarrevolucionarios en las cercanías.

Magalys Olmos le pidió a Felo que los dejara pasar la noche allí y él aceptó; Conrado Benítez decidió continuar la marcha.

En la noche del 4 de enero de 1961, a solo seis días de iniciada la Campaña de Alfabetización, en la aldea Tinajitas (o Las Tinajas), ubicada en el municipio de Trinidad, en la provincia de Las Villas (actual provincia de Sancti Spíritus), la banda contrarrevolucionaria de Osvaldo Ramírez García lo secuestró y lo trasladó a su campamento.

Allí se encontraba igualmente el miliciano Eleodoro Rodríguez Linares (Erineo). Los dos fueron encerrados en una jaula y fueron objeto de innumerables vejámenes.

Después del mediodía del 5 de enero, los terroristas se ensañaron en el joven maestro. Lo martirizaron golpeándolo en el rostro con piedras y puños, y dándole puntazos con un cuchillo o una bayoneta.

Cuando ya el muchacho se encontraba en muy mal estado físico, le cortaron los genitales. Acto seguido, ya agonizante, le pusieron un lazo en el cuello y lo ahorcaron.

El suceso trascendió sobre todo para los jóvenes que se formaban en las carreras pedagógicas, y en el lugar del suceso se levantó un obelisco en honor a los asesinados, y la brigada de alfabetizadores creada el 17 de enero de 1961 por la Revolución Cubana adoptó su nombre.

Posteriormente el 28 de enero de 1961, el máximo líder de la Revolución, Fidel Castro, convocó a la histórica Campaña Nacional de Alfabetización realizada en toda Cuba. En esa ocasión dijo: “Ese maestro, después de muerto, seguirá siendo maestro. ¡El pueblo nunca lo olvidará!”

Es Conrado Benítez el maestro que aún vive, paradigma de los educadores cubanos.

Fuentes consultadas: EcuRed y www.vanguardia.cu

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