A solo 13 días de cumplir 108 años de edad murió un hombre que sobrevivió a las dos últimas guerras por la independencia y la libertad de Cuba: Juan Fajardo Vega, a quien además le tocó el honor de ser el último de los mambises*.
Pero ningún honor hubiera hecho envanecer a este sencillo soldado, a cuyos labios siempre afloró, con palabras más sencillas, la idea martiana de que la patria es ara y no pedestal: “¡Nada de estar viviendo de la patria!”, dijo Juan cuando le ofrecieron una pensión como veterano de la Guerra de Independencia. “Cada vez que la patria ha estado en peligro, he dejado mis oficios y me he puesto al servicio de su defensa y cuando volvía la paz, de nuevo a mis oficios”.
Juan Fajardo Vega nació el 15 de agosto de 1882 en Guayabal, un lugar cercano al poblado de Contramaestre, en actual provincia de Santiago de Cuba y murió el 2 de agosto de 1990 en la propia provincia.
Su origen fue muy humilde, descendiente de una familia rural, que dependía de los frutos que pudieran arrancar a la tierra para una exigua existencia.
Con solo 16 años de edad se fue a la manigua, el 10 de julio de 1897, para unirse al Ejército Libertador en la guerra organizada por el Partido Revolucionario Cubano, con José Martí como principal artífice.
Primero perteneció a la escolta del entonces general de brigada Saturnino Lora, en el cuartel general de las tropas de la División 2, que operaban en Jiguaní y Bayamo. Luego fue trasladado al regimiento de infantería de Baire, perteneciente a la primera brigada de la misma división.
Al concluir la guerra e instaurarse la república mediatizada por la intervención del gobierno de Estados Unidos, el soldado Juan Fajardo no se estuvo quieto. Al estallar cualquier conflicto por una causa justa él estaba presente. Así participó en la sublevación del partido Independientes de Color, en mayo y junio de 1912, y en el alzamiento de los liberales contra el reeleccionismo del presidente Mario García Menocal, en febrero de 1917.
También estuvo presente en la Guerrita de la Chambelona, una asonada que pasó a las historia cubana como un oscuro episodio, pues estuvo protagonizada por cubanos deshonestos que pelearon entre sí por aspiraciones politiqueras. En esa contienda la posición de Juan no se inclinaba a favor de ninguna de las tendencias políticas, sino que su propósito era la libertad de Cuba.
Durante la Guerra de Liberación Nacional, dirigida por Fidel Castro, colaboró como armero en el Tercer Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, en la región de Santiago de Cuba, consciente de la necesidad de la lucha como único camino hacia la libertad.
Al triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, este sencillo soldado volvió a sus labores habituales como labriego. No dejó tras de si una estela de anécdotas vibrantes como guerrero; ningún poeta le dedicó una oda, ni un pintor lo retrató en el lienzo, ni un escritor le dedicó un libro, aunque sí recibió numerosas y merecidas condecoraciones, entre las que resalta la medalla por Servicios Distinguidos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Far), en reconocimiento a su larga y destacada trayectoria revolucionaria.
Después de su fallecimiento, el 2 de agosto de 1990, sus restos reposan en el Mausoleo de las Far, en El Cacahual, provincia de La Habana, junto al general Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro.
*Mambí: así se llama a los combatientes de las dos guerras de independencia de Cuba. la iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en Yara, el 10 de octubre de 1868 y la Gurra Necesaria, organizada por José Martí, que estalló el 24 de febrero de 1895.
Fuente: Ecured

