Tres fechas del mes de octubre resaltan en la vida de Ernesto Guevara de la Serna, o más bien el Che, como se le conoce a nivel global. El día tres Fidel Castro leyó su carta de despedida, el nueve fue asesinado en una escuelita rural de Bolivia y un día cinco fue fundada la ciudad argentina de Rosario, donde nació.
Del Che hay poco que no se haya escrito ya. Su personalidad excepcional, su carácter vertical y justiciero, su pasión humanista y su largo y accidentado peregrinar por la vida, lo hacen acreedor de muchísimas historias y anécdotas.
No muchas personas hay en el Mundo que no se dejen seducir en algún momento de sus vidas por las prebendas de alguna posición ventajosa y mucho más fácil es caer en esa tentación a quienes alcanzan determinados lugares en las escalas del poder.
Para el Guerrillero Heroico haber sido comandante, jefe de la columna del Ejército Rebelde que libró una de las batallas más trascendentes de la guerra; ministro de Industrias; presidente del Banco Nacional de Cuba o representante del país ante la Organización de Naciones Unidas, no fueron motivos de los que decidiera sacar ventajas.
Su austeridad y sencillez eran proverbiales, quienes trabajaron cerca de él han dado fe de ello en múltiples relatos y hay algunos que todavía están por escribirse.
Otra virtud que le caracterizaba fue la modestia, nunca tuvo reparos en aprender de quienes sabían más que él en cualquier tema y esta cualidad, sumada a su inteligencia natural y su avidez por estudiar, le permitieron cumplir con eficiencia y sabiduría cualquier tarea que se le asignara.
Sobresale en su legado su pensamiento económico, del cual todavía queda mucho por analizar y aplicar.
Guevara fue un hombre culto a la vez que un hombre de acción. Su sensibilidad se manifiesta en su discurso, más allá de lo áspero de su voz, y de su carácter que a muchos pudo parecerle seco por la sinceridad en expresar sus pensamientos y de su intransigencia.
Solo es necesario leer algunos de sus textos para encontrar la poesía. En la carta escrita a sus padres, cuando partió de Cuba para llevar la lucha por la liberación a otros países, escribió: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo”.
En esa frase se resume su ideal de afrontar las empresas justas y necesarias por imposibles que pudieran parecer.
Hay mucho de José Martí en Ernesto Guevara, su patria es la humanidad y su propósito hacer que los árboles se pongan en fila para cortarle el paso al gigante de las siete leguas, cosa que América Latina está haciendo en esta época. Así su legado se extiende en el tiempo y el espacio.
El asesino ebrio que tiró del gatillo aquel 9 de octubre de 1967 en la escuelita de La Higuera no mató al Ché, lo llevó a la inmortalidad, elevándolo al rango de icono universal.

