
Frank (Centro) tenía unos ojos muy profundos, lo decía todo con la mirada pero además esa educación con su elemento religioso, su formación bautista. No había una mujer que al lado de Frank no se sintiera mujer. Regalarte una flor, cederte el paso, ayudarte a sentar, esas cosas eran de Frank. (Foto: i188.photobucket.com)
Elegante, seria, de andar pausado, distante ante mis ojos. Durante años pensé que la historia de esta mujer estaba enlazada a la burguesía que reinó en Miramar. Pero la vida y los encuentros de los santiagueros ausentes que se celebra cada mes en el municipio de Playa, me dieron la oportunidad de acercarme a Mirta Fernández, la nieta de mambises, la compañera de estudios y lucha de Frank País.
Tener contacto con protagonistas de la historia de nuestra nación despierta inquietudes, anima a buscar respuestas a interrogantes y vivir, aunque en la distancia, los sucesos que nos cuentan.
Por eso una tarde calurosa de julio, próximo a celebrarse el aniversario 60 del Asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, me dispuse a conversar con esta santiaguera, residente en La Habana.
¿Cómo conoció a Frank?
– Lo conocí fortuitamente, cuando su hermano Agustín y yo nos preparábamos para el ingreso a la Escuela Normal para maestros, a la cual Frank, un año antes, había accedido por la misma vía que nosotros pretendíamos, es decir por la libre. Fuimos rebasando cada uno de los exámenes, una forma más difícil pero más segura de acceder; la otra vía era mediante los certificados de octavo grado.
Para usted Frank no era un joven común.
-Es cierto, tan joven casi como Agustín y acompañándolo todos los días, siempre pendiente del hermano, de la nota que sacaba y además con una seriedad y una pulcritud que hasta hoy conservo en mis recuerdos.
“Fue muy buen estudiante, ayudaba a todo el que lo necesitaba y no hacía gala de lo que sabía. Siempre estaba con un libro en la mano, era muy martiano. Hubo una persona que influyó mucho en él y en mi, Fela Tornés, bibliotecaria de la Normal y que inclinó a Frank hacia las lecturas que debía hacer, que lo definieron como revolucionario.
Cuenta la historia que la unión entre Fela y Frank surge a través de una carta…
-Fela guardaba celosamente una carta escrita por Martí; la compró y era su patrimonio más querido; Frank tuvo el privilegio de leerla; yo la conocía de referencia pero a mí nunca me la mostraron.
En el libro Mitos y Leyendas sobre Frank País se cuenta que quienes estuvieran cercanos a Fela debían comprometerse a ser primero martianos y buenos hombres. Esto serviría para hablar y reunirse a debatir sobre temas importantes, además la biblioteca era el lugar preferido de Frank.
-La Normal de Santiago de Cuba para mí es muy emblemática, no sólo por la ubicación privilegiada que tenía y el paisaje: abajo, la bahía y arriba, la Sierra Maestra. Por ahí pasó Pepito Tey, por ahí pasó Pachungo, el de la guerrilla del Che. Fue cuna de revolucionarios, formados en ese medio, en un ambiente muy fraterno, con excelentes profesores, donde la relación entre ellos y sus alumnos era de respeto, sobre la base de admirar a ese que era tu profesor.
“¡Fueron tantos los mártires que se formaron allí! Y yo guardo eso como un regalo que la vida me concedió, por conocerlos, habernos fraguado en el rigor de la lucha, mas no solo por compartir esas vivencias, sino también una festividad, una tertulia literaria, y aquellos famosos juegos, los Verecundos, para recibir a los alumnos de primer año.
¡Aquello era tremendo! Se les cortaba el pelo, la ropa, los mojaban; estas novatadas, como ves, no eran agradables, ni representaban nada. En su momento Frank las soportó pero tiempo después contribuyó a modificar el sentido de esos juegos. Se ingresaba normalmente, se daba un recibimiento y ya.
La discreción y la seriedad caracterizaron la personalidad de Frank. ¿De alguna manera eso condicionó su relación con los compañeros?
– Para nada. Quien veía a Frank pensaba que era la persona más distraída de este mundo, que no tenía nada que ver con lo que después supe, que él era el eje de todo el proceso. Para que te des cuenta de lo discreto que era te cuento algo: él visitaba en Santiago la casa de Silvina Leyva que era como mi familia. Cuando me percato que él iba con frecuencia allí me dije: Este está en algo. Y lo presumía pues sabía en lo que estaba Silvina y después me doy cuenta de que Haydée Santamaría y Armando Hart estaban ahí bajo los nombres de María y Jacinto.
¿Cómo influyó en usted y en su familia la acción del 26 de julio?
-Fue definitorio. Vivíamos cerquita de la Normal y por tanto muy cerca del Cuartel Moncada. Como a las siete de la mañana de ese domingo de la Santa Ana sentimos primero los tiros y pensábamos que provenían de los carnavales. Al rato los guardias llegaron a mi casa, dando culatazos en la puerta, porque al lado había un gimnasio con unas puertas de maderas muy altas y ellos sospecharon que ahí había asaltantes escondidos y en mi casa también.
“Solo estábamos mi mamá, mi hermano y yo; mi madre se decide y les abre. Cuando los soldados encontraron las Bohemias y la famosa escobita de Vergüenza contra dinero – mi mamá y mi papá eran militantes del Partido Ortodoxo, pensando que esa era la salvación ante tanta desidia-, registraron todo, acabaron con los colchones, registraron todo, todo, todo y al final nos sacaron para la calle con los brazos en alto. Yo tenía 17 años, mi hermano seis menos.
“Los vecinos de enfrente salieron y les dijeron: “…esas personas no tienen nada que ver, ¿ustedes encontraron algo? Solo así nos dejaron ir. La conmoción fue tal que mi hermano, durante todo ese día, no habló. En ese momento me convencí que eso no podía ser y había que provocar un cambio. Ya yo venía con mi inclinación revolucionaria por la influencia de la Normal pero a partir de aquel suceso tuve la certeza de que este país no podía esperar más y era otra línea la que debíamos seguir.
¿Cómo recuerda al Frank hombre, al ser humano?
-Frank era una persona de la que cualquier mujer se hubiera enamorado, yo he pensado que al igual que con Martí. Que la mujer que estuviera cerca de Martí se tenía que enamorar.
Frank tenía unos ojos muy profundos, lo decía todo con la mirada pero además esa educación con su elemento religioso, su formación bautista. No había una mujer que al lado de Frank no se sintiera mujer. Regalarte una flor, cederte el paso, ayudarte a sentar, esas cosas eran de Frank.
Tenía los ojos más expresivos que he visto en mi vida. Profundos, te desnudaban con la mirada o te arropaban de otra forma, así eran los ojos de Frank, era lo que de su cara más te llamaba la atención. No fue muy dado a la risa, pero tenía una expresión muy dulce, sin reírse, que cuántos años han pasado y a mi no se me han borrado.
Con Mirta viví los sucesos del cuartel Moncada, la lucha. Conocí a Frank País, hombre.
Conocí a la colaboradora del Movimiento 26 de Julio, la que llevó a cabo diversas tareas en Palma Soriano. Quien en Santiago condujo a Osvaldo Herrera y a Roberto Hernández a la formación, de lo que se presumía fuera el 2do Frente Oriental.
Ella tuvo la dicha de conocer a grandes revolucionarios, se llevará historias que marcaron su vida para bien, para definirse como revolucionaria, y que dice como Carilda Oliver “… que la tierra que me va a tapar es, esta que me vio nacer”.
