Cincuenta y nueve años después el mismo escenario: antes, cuartel de Columbia, símbolo de la opresión y la barbarie de la dictadura de Fulgencio Batista; ahora, Ciudad Escolar Libertad, lugar donde se educan las nuevas generaciones en los valores humanistas patrióticos.
Recuerdan quienes estuvieron allí el 8 de enero de 1959 como protagonistas y espectadores de la llegada triunfal de Fidel Castro al frente de la Caravana de la Libertad, que desde el 2 de enero había salido de la ciudad de Santiago en la antigua provincia de Oriente, que aquel día hizo un intenso frío como el de este 8 de enero de 2018; abundó también la alegría para compartir, pues los barbudos traían desde la Sierra Maestra la libertad al pueblo que la abrazó e hizo suya para siempre.
Invitado especial a la conmemoración estuvo un grupo de integrantes del Ejército Rebelde, algunos de los cuales formaron parte de la tropa que lideraba Fidel. Uno de ellos es el combatiente Rafael Yera del Portal quien recuerda la euforia del pueblo que gritaba: “ya somos libres” y daba vivas a la Revolución, al movimiento revolucionario 26 de Julio y a Fidel. Fue una fiesta que todos recordarían a lo largo de sus vidas. Rebeldes, obreros, pueblo, estudiantes se hicieron uno en la conmemoración.
A Pedro Labrador Pino, otro de los entonces rebeldes, le asoma un brillo especial a los ojos cuando dice: “en todas las calles el pueblo esperaba a Fidel y los barbudos, era tanta la multitud que los carros no podían avanzar, no puedo evitar emocionarme cuando evoco aquellos días; cierro los ojos y me veo como entonces muy feliz”.
Testigo muy especial:
Su nombre es José Alberto León Lima y Fidel lo llamó Leoncito; tenía 21 años en 1959 y era uno de los miembros de la escolta del líder histórico de la Revolución; más tarde su chofer. “Desde horas muy tempranas la gente con banderas cubanas y del 26 de Julio en las manos desbordaba las calles desde la provincia de Matanzas hasta La Habana; y ajenos a las bajas temperaturas, todos querían montar en el carro donde venía Fidel”.
“Yo venía con él en el jeep –aclara– él no llega a La Habana desde el municipio El Cotorro en un tanque como muchos creen; allí él se baja del tanque, que era donde también venía su hijo Fidelito y toma el nuevo vehículo que lo trae junto a otros combatientes hasta Columbia”.
¿Qué es lo que más le conmovió de aquel trascendental acontecimiento?
Sin vacilar ni un instante responde: “Estar al lado de Fidel, acompañarlo en toda la trayectoria desde Oriente; pertenecer a su escolta, que considero un honor, un privilegio, un orgullo por protegerlo hasta La Habana”.
El combatiente del ejército rebelde agrega que está seguro que no habrá otro acontecimiento que lo emocione tanto como el que vive ahora. “El 8 de enero será inigualable siempre, de eso no caben dudas”, afirma conmovido.

