Félix Varela y Morales también conocido como el padre Varela, fue un sacerdote, maestro, escritor, filósofo y político cubano que tuvo un importante desempeño en la vida intelectual, política y religiosa en la Cuba de la primera mitad del siglo XIX.
El primero que enseñó a los cubanos a pensar en el patriotismo, estudió filosofía y teología en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio y en la Universidad de La Habana. En 1811, ya sacerdote, ocupó la cátedra de filosofía de la primera de esas instituciones.
Fue el primer pensador cubano que planteó la necesaria separación de España, la lucha por la independencia y una radical modernización de la enseñanza en el país. Fundó el primer periódico independentista cubano, El Habanero.
Diputado a Cortes de Cádiz en 1821, en representación de Cuba, defendió el derecho a la autonomía de los territorios americanos, propuso la abolición de la esclavitud en la Isla y la modernización de la enseñanza.
El retorno español al absolutismo monárquico lo condenó a muerte. Huyó de España y se estableció en Estados Unidos. Desde allí se consagró a fomentar el independentismo en los cubanos.
Junto a notables pensadores criollos publicó el Mensajero Semanal (1821-1831), destinado educar y preparar a la población para empeños futuros. Con 24 años de edad, el padre Varela fue nombrado por el obispo Espada, profesor de Filosofía, Física y Ética en el seminario. Allí preparó el primer laboratorio de Física y Química que tuvo el país: cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas neumáticas, sistema planetario móvil y otros instrumentos para la enseñanza de las ciencias mediante la experimentación.
Enseñó con los métodos pedagógicos más adelantados. Pese a que, según testimonio de José de la Luz y Caballero, dominaba el latín como su propia lengua, renovó la enseñanza de la época utilizando el español en sus clases y libros, en los que abandonó el escolasticismo imperante por la filosofía electiva e introdujo la experimentación en el estudio de las ciencias.
Dio mucha importancia a que sus alumnos aprendieran a razonar con sus propias cabezas; lo importante es que aprendan a pensar y a decidir por sí mismos. Por eso, el destacado maestro José de la Luz y Caballero, discípulo de Varela, dijo: “Mientras se piense en la isla de Cuba, se pensará en quien nos enseñó primero en pensar”.
Varela formó en las aulas del Seminario San Carlos a los mejores hombres de su época. Los frutos de su labor como maestro se muestran en aquellos patriotas como, José Antonio Saco; Domingo del Monte, literato y protector de escritores y artistas, y José de la Luz y Caballero.
Heredero de las enseñanzas de estos hombres y a su vez alumno del seminario fue también Rafael María de Mendive, el maestro de Martí. Escribió el primer libro para la enseñanza de la Física moderna en Cuba y uno de los primeros en América. En 1816 creó un gabinete de Física para experimentos demostrativos con fines docentes en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde impartía sus clases. Sus lecciones de Filosofía aplicada a la Química y la Física revolucionaron la enseñanza con su método explicativo.
Muere Félix Varela en el exilio, en Estados Unidos, el 25 de febrero de 1853.
Otros datos de interés sobre la vida de este intelectual cubano
Nace en La Habana, el 20 de noviembre de 1788, hijo de Don Francisco Varela y Peŕez, teniente del Regimiento de Fijos de La Habana, natural de Tordesillas, Castilla la Vieja, España, y de María Josefa Morales y Medina, santiaguera; Félix era el tercer hijo y sus dos hermanas se llamaban María de Jesús y Cristina. En su bautismo católico fue nombrado Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales.
A la temprana edad de tres años muere la madre de Varela y el niño huérfano, con sus dos hermanas, queda al cuidado de su abuelo Don Bartolomé, quien pronto fue trasladado por sus trabajos como militar a San Agustín de la Florida, a donde se lleva a Félix, que apenas sabía hablar.
Sus estudios de Música, Gramática, Latinidad, y Humanidades los inició con el padre Miguel O’Reilly, quien sin dudas ejerció una fuerte influencia sobre él. Cuando llegó el momento de empezar sus estudios secundarios, Félix regresa a La Habana. Su padre había muerto y el abuelo soñaba con hacer de él un valiente y honrado militar, según la tradición familiar.
Cuando tenía 14 años su abuelo le propuso empezar la carrera de cadete en una escuela militar, pero Varela pide entrar a un seminario para hacerse sacerdote. Al regresar a La Habana en 1801, matriculó en una de las mejores instituciones de su tipo en América Latina: el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Aquí cursó Gramática Latina, Filosofía, Lógica Mayor y Teología. Estudió con el distinguido sacerdote y maestro José Agustín Caballero: Súmulas, Lógica y Metafísica.
Varela fue preceptor de Latinidad de esa prestigiosa institución, y con posterioridad, maestro de Filosofía, nombrado por el obispo Espada. Organizó las tertulias literarias en las que compartió con sus alumnos los temas de cultura, filosofía, ciencia, y patria; sin dudas, sus materias preferidas.
Por las mañanas impartía las clases de Filosofía, y por las tardes, las de Constitución. En 1804 se inscribe en la Universidad de La Habana, simultaneando estos estudios con los del Seminario. Recibe el grado de Bachiller en Filosofía y Artes y de Bachiller en Teología y, con posterioridad el de Licenciado en Filosofía. En este año su carrera eclesiástica fue muy notable.
Recibe la primera tonsura de manos del obispo Espada en la Catedral de La Habana, bajo dispensa de edad. En el mes de diciembre de 1807, comienza su servicio religioso en el monasterio de Santa Catalina. En 1809 solicita y obtiene del distinguido obispo la cuatro órdenes menores y el subdiaconado de la Iglesia Católica.
En diciembre de 1810 alcanza el diaconado. Nuevamente con dispensa de edad canónica, es ordenado presbítero en 1811. Su prédica moral y humanista era destacada en sus sermones, que pronunció en varias iglesias, entre otras en la catedral, Santa Catalina, Santa Teresa, San Agustín, la parroquial de La Salud y la del Santo Cristo del Buen Viaje.
Varela abrió, el primero, el camino de la educación para todos cuando dijo: “La necesidad de instruir a un pueblo es como la de darle de comer, que no admite demora; Quién puede negar que es más ilustrado un pueblo en que todos saben leer y escribir”.

