Gerardo Abreu Fontán, paradigma y mito revolucionario

Montaje: Yelemny Estopiñán Rivero

Montaje: Yelemny Estopiñán Rivero

El 6 de febrero de 1958 quedará para siempre en la historia de la patria como un día de luto por la pérdida irreparable del joven revolucionario Gerardo Abreu Fontán, paradigma para la juventud cubana quien fuera brutalmente asesinado por los sicarios del dictador Fulgencio Batista.

El joven de 26 años de edad se caracterizaba por su disciplina, su sentido unitario y su disposición a colaborar con otras fuerzas que se oponían a la dictadura, fundamentalmente con el Partido Socialista Popular. También lo distinguía la honradez, la inteligencia natural, y su valentía, que le permitió salir airoso de situaciones difíciles.

Profundamente humano, se preocupaba porque en las acciones insurreccionales no cayeran víctimas inocentes. Afirmaba que él no quería morir, pero añadía que si exponía su vida era precisamente por vivir.

En ese tiempo pertenece al Partido Ortodoxo y dentro de sus filas realizó una ardua labor llegándose a convertir en un prestigioso dirigente de base.

Después de los hechos del Moncada en 1953 se vincula de forma más estrecha con algunos de los participantes de aquella acción. Es uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio y forma parte de su Dirección Nacional.

Por orientación de Fidel Castro organiza, junto al revolucionario Antonio “Ñico” López, las brigadas nacionales que eran las tropas de choque del Movimiento 26 de Julio en el llano hasta que fue apresado, brutalmente torturado y asesinado.

Otras actividades realizadas por el joven fueron reclutar militantes, recaudar fondos, así como la preparación de la insurrección armada.

Nace Fontán en la ciudad de Santa Clara, Villa Clara, el 24 de septiembre de 1932, procedente de un hogar muy humilde, apenas tiene oportunidad de estudiar, y desde muy joven tuvo que trabajar para ayudar al sustento de los suyos.

A los 11 años de edad se traslada hacia La Habana junto a su familia que busca mejores oportunidades, y aunque esta regresa poco después a Santa Clara, él continua en la capital donde trabaja en duros oficios; es aprendiz de carpintero, trabajador en una imprenta y durante una corta estancia en su ciudad natal se emplea como peón en el mercado.

A pesar de sus precarias condiciones de vida busca tiempo para manifestar sus dotes artísticas y llega a obtener resultados como declamador de poesías afrocubanas.

Padece una doble discriminación, por su condición de trabajador humilde y negro. Todo ello fue forjando la rebeldía de Gerardo y lo condujo a ingresar en el Partido Ortodoxo.

Sus primeras responsabilidades estuvieron relacionadas con la labor de propaganda. El combatiente Ñico López le orienta convertir la ciudad de La Habana en un verdadero mural de denuncia contra la tiranía y Fontán logra que cada amanecer aparezcan en las calles grandes letreros con consignas revolucionarias.

“Cuando Ñico López parte hacia México para enrolarse en la expedición del Granma, Fontán asume la dirección de las brigadas del 26 de julio en La Habana. Despliega una actividad tan intensa que atrae sobre sí la atención de la tiranía, que empieza a perseguirlo tenazmente. Una de las acciones organizadas por él, que tiene mayor repercusión en la capital, es la colocación de más de 100 bombas en una noche.

“En la más absoluta clandestinidad actúa desde el desembarco del Granma hasta su muerte. En ese período cuando crece el odio de los sicarios del régimen contra el revolucionario, él se gana la admiración, el respeto y el cariño de los restantes dirigentes del Movimiento y de los hombres que combatían bajo sus órdenes.

“El 6 de febrero de 1958, es identificado por los esbirros de Ventura y perseguido hasta la calle Santa Rosa, donde lo detuvo una perseguidora que transitaba casualmente por el lugar. Es arrestado cuando se disponía a subir a un ómnibus en la esquina de Infanta y Manglar”.

Lo trasladan a la Novena Estación de Policía donde es brutalmente torturado para obtener información sobre los compañeros que integraban el Movimiento 26 de Julio en La Habana, conocidos por él y también acerca del lugar donde se ocultaban las armas.

“Su cadáver presentaba 15 perforaciones producidas por armas de fuego y 57 punzonazos; le habían cortado la lengua y sus órganos genitales estaban completamente destrozados, pero ni aún así pudieron doblegar al valiente revolucionario. Al día siguiente su cadáver apareció al lado del edificio del llamado palacio de los Tribunales de Justicia, en lo que es hoy la Plaza de la Revolución”.

Al morir solo faltaban meses para que se concretara el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959. En el acto por el aniversario 50 de su asesinato, expresó Ricardo Alarcón de Quesada: “Hoy les hablo del jefe más querido, del que tanto aprendimos, quien nos sigue dando fuerzas y nos guía, ahora y siempre con su modo sabio, suave y firme de dirigir”.

Y continuaba: “Llegó a ser para nosotros un mito. El que no había avanzado en la enseñanza elemental, dirigió a los jóvenes y estudiantes de la capital y ninguno dudó nunca que Gerardo era el más capaz, el más sensible, el más profundo de nuestros compañeros”.

Fue un combatiente imprescindible para cumplir el objetivo de derrocar la dictadura más sangrienta que padeciera el país en todos los tiempos.

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