Guerra Hispano Cubano Americana: El fracaso

Base Naval de Guantánamo. Foto: Escambray

Base Naval de Guantánamo. Foto: Escambray

La primera acción concreta y efectiva de los Estados Unidos de Norteamérica para apoderarse de Cuba fue ejecutada el 10 de junio de 1898, cuando tropas de la marina de ese país desembarcaron en la región oriental de la isla con el pretexto de ayudar a su liberación del yugo colonial español.

Lo cierto es que la supuesta ayuda llegó tarde para los cubanos que ya estaban a punto de la victoria y de los españoles, tan desgastados, que solo les faltaba montarse en sus buques e irse a casa. Sin embargo, fue oportuna para los yanquis, teniendo en cuenta su política de la fruta madura.

Hasta ese momento se habían limitado a enunciar teorías sobre la inevitable caída de Cuba bajo el dominio yanqui y también habían frustrado algunas expediciones con avituallamiento para el ejército mambí.

También es cierto que la presencia de los marines en suelo cubano no trajo nada bueno para el pueblo pues, como de costumbre, el gobierno estadounidense intentó imponer mediante una “ocupación militar pacífica” las costumbres y doctrinas de su sistema político, ideológico y cultural, con el propósito de adueñarse poco a poco de la Llave del Golfo.

Así mismo han estado haciendo en Puerto Rico, ala gemela de Cuba en el mismo pájaro, para luego, con la dominación de esas dos tierras caribeñas, caer, como alertara José Martí en su momento, “con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”.

“…sin la posesión de Guantánamo, el canal jamás llegará a estar seguro en manos de los Estados Unidos”, afirmó entonces un activo representante de esas ideas, el capitán de navío Alfred Thayer Mahan, refiriéndose al istmo de Panamá.

 Lo primero que hicieron los soldados yanquis, después de someter la ciudad de Santiago de Cuba, fue impedir la entrada en esa urbe de los mambises, a quienes en realidad correspondía ese derecho después de 30 años de sangriento batallar sin que hasta ese momento algún gobierno les brindara apoyo político ni material.

Luego vendría la voladura del acorazado Maine en la bahía de La Habana, pretexto para volver a intervenir militarmente en Cuba, la Enmienda Platt impuesta a la Constitución cubana a fuerza de coacción y chantaje y la construcción de una base naval en la región de Caimanera, en la actual provincia de Guantánamo.

Ya en el 1898, cuando tropas de la Armada estadounidense desembarcaron por Playa del Este, en esa región al sureste de la mayor de las Antillas, el coronel del Ejército Libertador, Manuel Sanguily, de visita en ese momento en Estados Unidos, dijo al conocer la noticia: “Han visto a Guantánamo, jamás renunciarán a poseerla” y su vaticinio se ha cumplido hasta ahora.

La terquedad de los sucesivos ocupantes de la oficina oval en ese sentido no ha cedido ni un ápice, aún ahora en que Barack Obama ha dado tímidos pasos hacia la normalización de relaciones entre las dos naciones que, por vecindad, no debieron haber sido nunca enemigas.

Es necesario remarcar la expresión “tímidos pasos”, que puede resultar chocante para algunos analistas políticos, porque sin la devolución del territorio ocupado por la base naval de Caimanera; el cese unilateral y completo de las restricciones financieras, económicas y comerciales que pesan sobre Cuba a causa del bloqueo; la derogación de todos los engendros legales firmados en la Casa Blanca para ahogar al pueblo cubano, y –en fin– el cese total de la política injerencista de los Estados Unidos contra Cuba, no serán posibles jamás relaciones normales.

Volviendo al tema inicial, y a manera de epílogo, se puede afirmar que la guerra declarada el 21 de abril de 1898 por la nación norteamericana contra la metrópoli ibérica y su intento por apoderarse del verde caimán caribeño, es uno más de los fracasos de la política exterior de Estados Unidos.

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