Una alegría especial disfrutó el 28 de enero de 1853 el joven matrimonio que ocupaba aquella casita de la calle Paula. Les nació su hijo primogénito como tierno fruto del amor que ambos cultivaban. Lejos estaban de imaginar Don Marianao y Doña Leonor cuán azarosa y digna sería la vida que veía la luz por vez primera aquel día sin sol, vida que culminaría físicamente 42 años después de cara al Sol.

