El municipio del Cerro ha sido cuna de importantes patriotas, compositores, músicos, poetas, deportistas y pintores.
Uno de sus hijos más ilustres fue Juan Bruno Zayas Alfonso. Este joven médico y general mambí, de vida intensa, breve pero muy fructífera, nació el 8 de junio de 1867 en la casa de Calzada del Cerro, número 795, esquina a Zaragoza. Su infancia y juventud transcurrió en este barrio, entonces aristocrático y en el de Puentes Grandes.
Un hecho muy importante a tener en cuenta en su vida y formación lo constituyo el marco familiar en que se desarrolló. Su padre era abogado y fue profesor del prestigioso colegio El Salvador, el cual se encontraba contiguo a su casa. Posteriormente llegó a ser subdirector e incluso director del mismo, tras la muerte de José de la Luz y Caballero, cuyo cargo desempeñaría hasta su clausura en 1869.
La influencia paterna desempeñó un papel decisivo en la formación de su carácter y en su decisión de servir a la causa de la independencia de su tierra natal. Cuentan los que lo conocieron que el joven Juan Bruno poseía un carácter serio, pero a la vez era muy amante y preocupado por la familia, bailador, buen jinete, fumador, sencillo y de gran sensibilidad humana.
En 1886, Juan Bruno recibe su título de bachiller, posterior a lo cual matricula en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de La Habana en el curso 1885-86. Cursando sus estudios de Medicina mure su padre, hecho que lo afectó mucho emocionalmente. En tal situación el apoyo de la familia no se hizo esperar, siendo muy importante para el joven, especialmente el brindado por dos de sus tíos paternos, Juan Bruno y Francisco Javier, quienes influyeron decisivamente en él, para que pudiera terminar sus estudios. Uno de ellos, Francisco, era médico y profesor universitario, quien prácticamente le sirvió de tutor hasta la culminación de su carrera de Medicina.
Era asiduo visitante de la famosa Acera del Louvre y compartió con muchos jóvenes revolucionarios que allí frecuentaron y compartieron con Antonio Maceo en la década de 1890, a quien acompañaría más tarde en las filas del Ejército Libertador.
Ya graduado de médico, decide ejercer en la zona rural de la Isla. Para lo cual marcha a los campos de Las Villas. Por su dedicación y entrega a la población, en especial a los sectores más humildes, se convirtió en un muy querido y admirado profesional. Esa experiencia como médico rural sería decisiva para su entrenamiento y conocimiento del terreno en su futura vida como combatiente.
Con solo 27 años de edad, se incorporó al Ejército Libertador, apoyando la guerra de independencia, iniciada el 24 de febrero de 1895, y dirigiendo el primer alzamiento en armas de esa contienda en tierra villaclareña, el 25 de abril de 1895 al frente de un grupo en Vega Alta. De esta manera se iniciaba el joven médico, de forma muy activa y destacada en la vida militar. Hechos por los cuales, a los 15 días de su alzamiento, y por acuerdo de los demás jefes villaclareños es ascendido a teniente coronel. Algunos meses más tarde cuando entró en el territorio villareño la columna invasora dirigida por Máximo Gómez y Antonio Maceo, él le presta su ayuda decisiva.
Asumió como militar mambí numerosas responsabilidades, dirigiendo varios regimientos como el de infantería Narciso. Luego, el 24 de junio de 1895 pasa a mandar el regimiento de caballería Villa Clara, el cual organizó. El 18 de julio de ese mismo año se puso bajo las órdenes del mayor general Manuel Suárez, luego de haber atacado cuatro días antes el fuerte provincial.
El 15 de agosto fue ascendido a coronel y ese mismo día se une al mayor general Serafín Sánchez, jefe de la Primera División del Cuarto Cuerpo. Así participó en numerosos combates hasta que se incorporó a las fuerzas del Generalísimo Máximo Gómez, en Mal Tiempo.
Organizó la Brigada Villa Clara, de la cual asumió el mando para participar en la invasión. Entra en Mantua el 22 de enero de 1896 al frente de la vanguardia de la columna invasora. Fue uno de los firmantes del acta allí levantada, al siguiente día, dando por concluida la histórica y legendaria invasión de oriente a occidente.
Por sus triunfos, arrojo, sencillez y conducta intachable e incorruptible de amor y lealtad a Cuba, se ganó para siempre el prestigio y admiración de todos los combatientes del Ejército Libertador y fundamentalmente de sus principales jefes como Máximo Gómez y Antonio Maceo.
Este último lo asciende a general de brigada, grado que se dice le fue conferido a Juan Bruno Zayas, al llegar a Guane, el 20 de enero de 1896. Lo cierto es que el Titán de Bronce le entregó la proposición al general en jefe en un escrito fechado el 21 de febrero de ese mismo año en Nueva Paz, quien a su vez lo hizo llegar al Consejo de Gobierno, el 8 de abril, siendo aprobado al siguiente día. De esta manera el valeroso médico mambí se convertía, en el general más joven de las fuerzas libertadoras, hasta ese momento, con solo 28 años. Pero por si esto fuera poco, Maceo lo nombra su sucesor. A su vez, Máximo Gómez lo valoró con justicia y expresó que lo veía y sentía como “… el Agramonte de la época presente”.
El joven general tuvo una conducta ejemplar desde su nacimiento, hasta su heroica caída el 30 de julio de 1896, a los 29 años de edad. Sorprendido en una emboscada enemiga debido a un delator del lugar donde acampaba y en medio de la gloria que ya lo acompañaba, revólver en mano avanzó hacia el enemigo y cayó mortalmente herido en la finca La Jaima, en Guiro de Boñigal, cerca de Quivicán, defendiendo el honor y la dignidad de todos los cubanos. Ostentaba el grado de general y el aval de más de 40 combates.
En reconocimiento a su obra libertadora fue fundado el Club Juan Bruno Zayas, que se dedicó a conmemorar las iniciativas patrióticas de los villaclareños con celebraciones, lápidas y monumentos. Muestra de ello lo constituye la Ceiba Histórica de Santa Clara y algunas lápidas en el parque El Carmen. También en Santiago de Cuba el hospital general le rinde honores llevando su nombre.
Sus restos reposan en el cementerio Cristóbal Colón, desde 1922, fecha en que la familia trasladó los mismos desde el cementerio de Quivicán. El panteón consta de dos bóvedas y posee un respaldo de bronce, el cual refiere la muerte del patriota y su traslado hacia esta necrópolis.
Como dato interesante, podemos decir que la Filatelia también le ha rendido homenaje a muchos de los valerosos patriotas y héroes cubanos, dentro de los cuales se encuentra Juan Bruno Zayas, emitiendo un sello por valor de 10 centavos en el que aparece la imagen de este destacado general mambí. El sello corresponde a la emisión del primero de febrero de 1910, titulada Patriotas Cubanos, y que recoge además a Bartolomé Masó, Máximo Gómez, Julio Sanguili, Ignacio Agramonte, Calixto García, José María Rodríguez (Mayía), Antonio Maceo y Carlos Roloff.
Por toda su vida heroica, fecunda, por ser un abnegado médico, valeroso general mambí así como digno hijo del municipio del Cerro, fue nombrado patriota insigne de este territorio.
Referencias:
Bartolomé Barguez Carlos, Ciudad de La Habana. La identidad de la provincia y sus municipios. Historia del Cerro.
Rodríguez Ortega Idania Esther, Necrópolis Cristóbal Colón. El Susurro de las piedras.
Catálogo de sellos Scott.
El joven general mambí y médico Juan Bruno Zayas
Entrada de Juan Bruno Zayas e EcuRed
Entrada de Juan Bruno Zayas en Wikipedia



