La efervescencia patriótica siempre caracterizó a los cubanos desde que este sentimiento se consolidó en aquellos que dedicaron su vida a la lucha por la libertad y la justicia social y esto también se manifestó en la cultura.
El 21 de enero en la presentación de una obra de teatro en el Teatro Villanueva un viva Céspedes en boca de Jacinto Valdés, popular guarachero, sorprendió a los españoles. Al día siguiente, viernes 22 de enero de 1869, el teatro se cubrió de banderas y las mujeres se adornaron con cintas de colores del emblema nacional.
Cuando en la representación de Perro huevero, aunque le quemen el hocico, un personaje exclamó: “¡Viva la tierra que produce la caña!” El público dio vivas a Cuba libre.
La rabia del régimen colonial no se hizo esperar: los voluntarios apostados cerca del teatro dispararon con saña al edificio de madera y luego a los que huían, provocando una verdadera masacre que recoge la historia como “Los sucesos de Villanueva“.
Jesús Menéndez desarrolló su actividad proletaria en los dos sectores más importantes de la economía de la nación antillana: el azúcar y el tabaco. Su vida estuvo dedicada por entero a la defensa de los intereses de la clase obrera.
Entre las conquistas materiales que obtuvo para los trabajadores azucareros se cuentan: la elevación de los salarios, el descanso retribuido, la erradicación de menor salario en tiempo muerto, el Diferencial Azucarero y la Cláusula de Garantía.
El imperialismo yanqui, afectado por la dirección vertical de Menéndez, instigó su asesinato en contubernio con la reacción nativa y el desgobierno de Grau San Martín. Un día como hoy pero del año 1948 es asesinado en Manzanillo a manos del capitán Joaquín Casillas Lumpuy.
Una oleada humana acompañó hasta su última morada al Capitán de la clase obrera, Jesús Menéndez.


