El 24 de junio de 1826 nace en Santiago de Cuba Pedro Santacilia, un escritor cubano quien desde su juventud estuvo vinculado a las conspiraciones anticolonialistas en Cuba.
Santacilia vivió la mayor parte de su vida en el exterior. Dos veces fue deportado a España, una cuando era niño, acompañando a su padre, y la otra al fracasar la conspiración de Narciso López. Después vivió en Estados Unidos y finalmente, hasta el fin de sus días, en México.
Durante su estancia en New York pronunció conferencias de los compatriotas emigrados. Formó parte de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico. En Nueva Orleans participó en las luchas por la independencia de México y al triunfar Benito Juárez pasó al país azteca, donde fue secretario del Benemérito y diputado al Congreso Federal en siete ocasiones.
En la Guerra del 1895 fue agente revolucionario de la República de Cuba en Armas ante el gobierno mexicano. Poesías suyas aparecieron en el poemario “El laúd del desterrado”.
También un día como hoy pero del año 1896 desembarca en la Isla la expedición de Rafael Portuondo y Tamayo.
Gómez, acampado en el ingenio El Oriente, recibe la noticia de una expedición comandada por el teniente coronel Rafael Portuondo, secretario de Relaciones Exteriores. Gómez cursa órdenes a Calixto García, asentado en Las Tunas, para que marche a Baracoa y asegure pertrechos y hombres. La expedición había arribado por Baconao, y la recibió José Maceo.
Esta expedición constituyó una de las más completas y poderosas que acogieron los mambises y la que más fracciones creó por las contradictorias disposiciones alrededor de su destino, pues José pensaba acotar la ley del Consejo de Gobierno que declaraba a las expediciones propiedad del Estado y dependencia de la Secretaría de Hacienda.
El 24 de junio de 1898 se lleva a cabo en el poblado El Caney, ubicado en la región oriental de la mayor de las Antillas, el combate de Las Guásimas.
Contra toda lógica militar, a contrapelo de los consejos cubanos y de las órdenes terminantes del General en Jefe, las tropas norteamericanas, bajo las órdenes del general Wheeler, entablaron combate con las fuerzas españolas que defendían la importante posición de la ruta a Santiago. Las fuerzas cubanas iniciaron también combate con las españolas desde otra posición. La inexplicable retirada española concedió la victoria a Wheeler, que había pedido refuerzos a Siboney. El bautismo de fuego de las tropas yanquis no resultaba nada digno de encomio.


