En las primeras horas de este día, en el año 1953, comenzó la batalla. Fidel, con el grupo más numeroso, se lanzó a la toma del Cuartel Moncada. Abel Santamaría ocupó el Hospital Civil y Raúl Castro el Palacio de Justicia. Otro contingente de revolucionarios atacaba el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.
La estrategia consistía en la toma por sorpresa del cuartel, darle armas al pueblo, ocupar otros puntos importantes de la ciudad y dar a conocer por radio el Manifiesto del Moncada a la nación y la grabación del último discurso de Eduardo Chibás, con lo cual se llamaría a las masas a la huelga general. De fracasar, se replegarían a las montañas para desarrollar la guerra de guerrillas.
Las acciones no tuvieron el éxito esperado. Muchos combatientes fueron capturados y asesinados con vileza. Pero la intentona marcó el principio del fin de la dictadura. El asalto al cuartel Moncada sacudió al país. En Santiago de Cuba al estupor inicial se impone en la ciudadanía la plena disposición de ayudar: puertas de hogares se abrieron a combatientes perseguidos para abrigarlos de la saña vengativa desatada en las horas y días que siguieron al ataque, en tanto otros atendían a heridos del asalto en los hospitales de la ciudad.
También un día como hoy pero del año 1959, a la misma hora en que, seis años atrás, lo más puro de la Generación del Centenario intento tomar el cielo por asalto, el Consejo de Ministros se reúne en el cuartel Moncada para declarar esa fecha como Día de la Rebeldía Nacional y al 30 de julio el de todos los Mártires de la Revolución.
Después de presidir un desfile popular frente al Capitolio, Fidel, acompañado por el expresidente mexicano Lázaro Cárdenas y otros dirigentes revolucionarios, presencia practicas artilleras aéreas y navales en el Parque Maceo. A las cuatro de la tarde, comienza la impresionante concentración para la que habían viajado a La Habana cientos de miles de campesinos.
En su libro “En marcha con Fidel”, Antonio Núñez Jiménez describe así el momento en que el presidente Osvaldo Dorticós pregunta a la multitud si desea que el líder de la Revolución continúe al frente del gobierno. “Un millón de sombreros de yarey lanzados al aire, centenares de miles de machetes que aplauden con su metálico sonido y el más grande /Si/ que haya estremecido la Plaza Cívica”.
Y añade Núñez Jiménez en su relato: “Al anunciar Dorticós que Fidel acepta retornar a la jefatura del gobierno, de nuevo vuelan los sombreros de yarey y resuenan los aceros y los gritos de victoria popular. Emocionado, el Primer Ministro lanza a los aires su gorra con la estrella de comandante”. En su discurso, Fidel exclama: “A los que en nombre, o invocando hipócritamente la palabra democracia, nos calumnian, podemos decirles: Democracia es esto”.

