Es conocido que las primeras medidas implementadas por Estados Unidos contra la naciente Revolución Cubana surgieron incluso antes del triunfo de enero de 1959. Sin embargo, el 30 de noviembre de 1962 se firmó el plan de acción más elaborado y violento contra el pueblo de Cuba: la Operación Mangosta.
Es posible que no se conozca mucho acerca de ese engendro, pues fue uno de los secretos más celosamente guardados por la Agencia Central de Inteligencia (Cia), algunos de cuyos detalles aun están catalogados como “Top Secret”.
En su afán por destruir el sistema social que los cubanos comenzaban a fomentar, los sucesivos gobiernos del gigante imperialista no escatimaron recursos ni les importaron las víctimas humanas y los daños materiales que pudieran provocar a un pueblo al que argumentan “liberar” del fatídico comunismo.
Pero fue al señor presidente John F. Kennedy a quien le tocó el triste honor de iniciar las acciones a gran escala contra el pequeño Estado que se había atrevido a desafiar los designios del imperio.
Primero, fue quien autorizó la incursión mercenaria por Playa Girón (bahía de Cochinos), al sur de la provincia de Matanzas, y que pretendía establecer un gobierno provisional en una franja de terreno de ese litoral para que luego este pidiera apoyo al gobierno de Estados Unidos y así poder desencadenar una invasión militar a gran escala.
Ante el rotundo fracaso de ese peligroso plan, los estrategas de la Cia propusieron el vasto plan de acciones contra Cuba conocido como Operación Mangosta, compuesto por 32 tareas: 13 de guerra económica, seis de política, cinco de acciones militares, cuatro de inteligencia y cuatro más de subversión política ideológica. Con posterioridad se agregaría una tarea de guerra biológica: utilizar un medio químico para afectar la vista a los macheteros y sabotear la zafra azucarera. También contemplaba planes de atentados contra el Comandante en Jefe, Fidel Castro –de los que se implementaron más de 600– y contra otros dirigentes de la Revolución Cubana.
Más de cinco mil acciones, entre sabotajes y actos terroristas, se cometieron contra Cuba en menos de 10 meses como parte del engendro “cocinado” en Langley y montado por el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Más tarde se realizaron otras acciones de guerra biológica como diseminar plagas en los plantíos de caña de azúcar y tabaco, dos de los más importantes renglones de la economía cubana, así como contra los animales. Todavía no se ha podido comprobar la autoría de la contrarrevolución en la proliferación de otras enfermedades, las cuales se evidencia que formaron parte de esa guerra biológica.
El propósito de destruir a la naciente corriente política y social cubana se insertó en un espectro mucho más amplio que abarcó toda el área geográfica de la América Latina y el Caribe, pues Cuba, más que una vergonzosa derrota para el tío Sam, representa el peligroso ejemplo de David que se atrevió a enfrentar a Goliat y logró vencerlo.
Pero, a pesar de los millonarios fondos asignados, de las mentes que se exprimieron, de los miles de cuartillas que se escribieron… la Operación Mangosta fracasó también, en gran medida gracias a la astucia de los órganos de inteligencia y contrainteligencia del Ministerio del Interior de Cuba y en gran medida gracias al coraje y la abnegación del pueblo que no está dispuesto a rendirse.
Después, la táctica de los Estados Unidos hacia Cuba ha ido cambiando paulatinamente ante los sucesivos fracasos. De las acciones más violentas pasaron a una supuesta “resistencia pacífica” orquestada a través de los llamados “disidentes” que pretenden representar a la sociedad civil cubana y no son más que pequeños grupos de mercenarios que reciben un pago miserable por vender a la patria, algo así como Judas, pero más mal pagados.
Hay que decir que esa “resistencia” no siempre es tan “pacífica”. Solo en necesario ver como se comportan las Damas de Blanco en sus manifestaciones, durante las cuales no tienen reparos en insultar y hasta arrojar objetos contra las personas que tienen a su alrededor.
Ahora vuelve a cambiar la táctica. Intentan un acercamiento para tratar de subyugar al pueblo que hasta ahora intentaron asfixiar. Parodiando el viejo refrán: “Mangosta huevera, aunque le quemen el hocico”.

