María Cabrales: la pasión compartida por la libertad de Cuba

Diseño: Gilberto González García

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“Cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño la obra es invencible”, escribió José Martí. Una frase que se ajusta palabra por palabra a una mujer que, más allá de entregarse en cuerpo y alma a su esposo, lo hizo además a la causa por la que él luchaba.

Este 20 de marzo se cumplen 175 años del natalicio de María Cabrales, cónyuge del mayor general del Ejército Libertador, Antonio Maceo, con quien compartió su pasión por la libertad de Cuba.

Ella, en compañía de Mariana Grajales, madre del Titán de Bronce, lo sacaron del campo de batalla en agosto de 1877, cuando cayó gravemente herido en el combate de Mangos de Mejía. Lo arrebataron de las manos del enemigo mientras José Maceo cubría la retirada peleando ferozmente. “A salvar al general o a morir con él”, conminó María en ese trance.

María Magdalena Cabrales Fernández nació en el año 1842 en la finca San Agustín, situada en San Luis, actual provincia de Santiago de Cuba.

En febrero de 1866, cuando contaba 24 años de edad, contrajo matrimonio con Maceo. A partir de ese momento le siguió al campo de batalla y después de la guerra de 1868 en su peregrinar por Jamaica, Honduras y Panamá, hasta establecerse en Costa Rica.

Mientras José Martí, desde los Estados Unidos, fragua la Guerra Necesaria que estallaría en febrero de 1895, María funda en Costa Rica el club Hermanas de María Maceo para ayudar en la recaudación del dinero imprescindible para la contienda que se avecinaba.

A la caída en combate del esposo y compañero de luchas, ocurrida el 7 de diciembre de 1896, María Cabrales no se sumió en la tristeza, sino que continuó luchando desde su posición revolucionaria.

Tras el fin de la guerra regresó a Cuba, el 13 de mayo de 1899. Seis días después participó en el homenaje que el pueblo de Santiago de Cuba tributara a José Martí en el cuarto aniversario de su caída en combate.

En la nación antillana continuó realizando tareas patrióticas y humanitarias, como la dirección del asilo de huérfanos de la patria.

El 28 de julio de 1905 falleció la fiel compañera del Titán de Bronce en el mismo lugar de su nacimiento. Sus restos reposan hoy en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, junto a los de otros tantos que dedicaron sus vidas a la patria, como el propio Martí y más recientemente el Comandante en Jefe, Fidel Castro.

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