Solo una leona puede parir leones. Y eso fue Mariana Grajales: madre de toda una pléyade de leones. Mambisa irreductible que crió guerreros para entregárselos a la patria.
Mariana educó a sus hijos para que fueran rectos, honestos, para que amaran la patria por encima de todo, para que anduvieran por la senda libertadora. Fue recia su educación, exigió horarios estrictos, orden y pulcritud a toda su prole, pero ¿significa eso que no albergara ternura su corazón? Todo lo contrario. Fue una madre amorosa que supo acunar en su regazo y cantar dulces canciones.
Mariana heredó de sus padres su fortaleza, su amor, su pasión por la tierra que la vio nacer, su desprecio por la esclavitud y todos los crímenes que esa abominación trae aparejados.
¿Por qué un hombre tiene atar a otros con cadenas, azotarlo, raptarlo de su tierra y llevarlo a otra extraña para obligarlo allí a trabajar bajo grillos y látigos?
¿Con qué derecho un país puede someter a otro y robarse sus riquezas? ¿Quién dijo que un hombre es superior a otro solo porque su piel es más clara? Ella no solo entregó a todos sus hijos a la guerra contra la cruel metrópoli, sino que ella misma consagró su vida a la causa de la independencia.
Mariana nació el 12 de julio de 1815 en la provincia de Santiago de Cuba, en la región oriental de la isla. Sus padres: José Grajales y Teresa Cuello eran dominicanos que emigraron a Cuba. Su nacimiento aparece registrado en el libro de bautismo de la parroquia santiaguera de Santo Tomás, aunque algunas fuentes citan el 26 de junio de 1808.
El 31 de marzo de 1831 se casó con Fructuoso Regüeiferos, con quien tuvo cuatro hijos: Felipe, Fermín, Manuel y Justo. En 1840 enviudó. Tres años más tarde se unió a Marcos Maceo y en 1845 nació el primer vástago de esa unión: Antonio Maceo.
Sucesivamente vinieron a la vida José, Rafael, Miguel, Julio, Tomás y Marcos, así como Baldomera, Dominga y María Dolores quien falleció a solo 15 días de su nacimiento.
El 12 de octubre de 1868, al conocer la noticia del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua fueron Antonio, José y Justo los primeros Maceo que se fueron a la manigua por la libertad.
Mariana hace jurar a sus hijos, de rodillas y frente a un crucifijo de Cristo, que liberarían a Cuba o morirían por ella.
Poco a poco toda la familia se fue incorporando a la lucha y muy pronto su esposo Marcos fue el primero en entregar la vida en combate.
Concluida la contienda del 68, a Mariana solamente le quedaban cuatro hijos varones: Antonio y José, quienes caerían gloriosamente en la gesta del 95, y Tomás y Marcos, quienes sobrevivieron con sus cuerpos llenos de cicatrices. Baldomera y Dominga también se incorporaron a la guerra, trabajando en los hospitales de campaña junto a la madre.
El episodio probablemente más conocido en la vida de esa ejemplar mujer y madre, ocurrió cuando Antonio fue herido por primera vez y ella le dijo a su hijo más pequeño, Marcos: “Empínate, que ya es hora de que pelees por tu patria como tus hermanos”.
Tras el Pacto del Zanjón Mariana Grajales se vio obligada a salir de Cuba y lo hizo hacia Jamaica bajo estrictos preparativos de seguridad realizados por Antonio. En el exilio murió esta leona, madre de leones, el 27 de noviembre de 1893. Sus restos fueron repatriados el 23 de marzo de 1923 a propuesta de José Palomino Aciego, entonces vicepresidente del Ayuntamiento de Santiago de Cuba. Hoy reposa en el cementerio de Santa Ifigenia donde su prole mayor: el pueblo de Cuba, acude para rendirle merecido tributo.
Fuente: Ecured

