
Foto: Radio Habana Cuba
En las escuelas cubanas se les enseña a los niños el significado que para los cubanos tiene la figura de Mariana Grajales, la madre de los Maceo, en la historia Patria; su valentía frente al enemigo español, así como su determinación de que todos sus hijos lucharan por la independencia de Cuba son, entre otras, cualidades que la distinguen.
Nació en Santiago de Cuba el 12 de julio de 1815, hija de los dominicanos José Grajales y Teresa Cuello. Contrajo matrimonio con Fructuoso Regüeiferos a la edad de 23 años. De esta unión nacieron cuatro hijos: Felipe, Fermín, Manuel y Justo. Su esposo murió en 1840.
Once años después volvió a contraer nupcias, ahora con el emigrante venezolano Marcos Maceo. El nuevo matrimonio fue a vivir a una finca que tenía Marcos en Majaguabo, San Luis, y procreó a Antonio, José, Rafael, Miguel, Julio, Tomás, Marcos, Dominga y Baldomera.
Símbolo de las mujeres cubanas, a Mariana Grajales también se le llama la madre de todos los cubanos y de la patria. José Martí la llamó Mariana Maceo, apellido de hombres valientes, corajudos, inscritos para siempre en la historia.
Mariana y Marcos educaron a sus hijos en los más altos valores morales y éticos, de forma sencilla, pero firme. Mientras a los varones le correspondían las tareas en el campo, las mujeres se encargaban de las labores del hogar.
El ejemplo de los padres surtió el mejor resultado en la formación de los hijos: “Marcos contó a ellos cómo había luchado en la guerra de independencia de Venezuela, a la vez que les enseñaba a cabalgar y el arte del uso del machete como arma de guerra. Mariana, a su vez, relataba historias de la guerra en Haití, y de cómo su familia había emigrado a Cuba en busca de tranquilidad. Igualmente transmitió a sus hijos disciplina, organización y limpieza de pensamiento”.
Entre 1845 y 1860 nacieron sus hijos. Lo más cierto parece ser, de acuerdo con el historiador doctor Eduardo Torres Cuevas, que en el hogar paterno se nutrió del alimento espiritual de las fuerzas morales que lo sustentaban.
De igual forma, contribuyeron a la formación de su carácter las labores en la finca, propiedad de su progenitor, próxima a la ciudad donde residía la familia. A medida que crecía, se fue convirtiendo en una mujer recia, de principios inflexibles, trabajadora incansable y con una inteligencia natural, vivaz y ágil.
Luego del alzamiento en armas de 1868, los hijos e hijas de Mariana se implicaron en la gesta revolucionaria. Los hombres, junto con el padre, se convirtieron en mambises y las mujeres, guiadas por la madre, cubrieron la retaguardia.
Al concluir la guerra en 1878 partió hacia Jamaica, donde continuó colaborando con la causa de independencia cubana, junto a sus hijas y nueras, mediante la creación de clubes patrióticos.
A propósito del bicentenario de su nacimiento en el 2015, hablaba sobre esta inmensa mujer el historiador Torres Cueva en el espacio televisivo de la Mesa Redonda, quien la describe en toda su dimensión: Mariana, dijo, sintetiza el ejemplo de muchas otras mujeres cubanas.
“Cuando hablamos de ella estamos hablando asimismo de la familia mambisa. Y es precisamente la mujer el centro de esa familia que se involucra en el espíritu de esa guerra”.
Añadió, que cuando uno estudia su vida, los sentimientos que despertó en figuras como José Martí, sus propios hijos, uno comprende que es todo un símbolo de lo mejor de la madre cubana.
El 28 de noviembre de 1893, a la edad de 78 años, muere Mariana en el exilio, mientras sus hijos preparaban el inicio de la Guerra Necesaria, donde escribirían otras gloriosas páginas de la Historia de Cuba.
