Celia Sánchez Manduley fue una de las combatientes más queridas de la Revolución; su sensibilidad humana y otras virtudes, como la modestia y la honestidad, le ganaron el cariño del pueblo que la admiró y quiso de forma entrañable hasta los últimos instantes de su vida, el 11 de enero de 1980.
Recibió una educación exenta de dogmatismos religiosos y de cualquier otra índole de convencionalismos y prejuicios, en la que tuvo mucho que ver la personalidad del padre, hombre de ideas liberales avanzadas.
Nació la Heroína del Llano y de la Sierra, en el central Isabel, de Pueblo Nuevo, en Media Luna, en la actual provincia de Granma, el 9 de mayo de 1920; hija de Manuel Sánchez Silveira y Acacia Manduley Alsina, el 16 de octubre de aquel año fue inscrita en el registro civil del juzgado municipal de Vicana, bajo el nombre de Celia Esther de los Desamparados.
Comenzó la enseñanza primaria a los siete años en una pequeña escuela privada donde enseñaban básicamente lenguaje y aritmética. Estudió en esa escuela hasta que se mudó para Manzanillo, donde ingresó en cuarto grado en la escuela pública de Pueblo Nuevo. Paralelamente a la educación primaria y junto a su hermana Flavia, tomó clases de piano durante unos tres años.
Al innato patriotismo del ilustre doctor Sánchez, devoto de la verdad histórica, debió la joven sus primeros acercamientos a la obra de José Martí, a la justicia social, a Fidel Castro y a la lucha insurreccional.
Su madre murió cuando ella era joven. Con su padre, médico rural, hombre culto y comprometido con el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) tuvo su primer acercamiento a la política.
La muchacha fue su asistente y vio así, de cerca, el efecto de la pobreza en los pacientes de su padre. Desde pequeña estuvo influenciada por el pensamiento de José Martí, por lo que pronto se vinculó a la lucha popular.
En Pilón, la casa del galeno se convirtió en una de las más concurridas del pueblo. A ésta acudían los menesterosos y desamparados en busca de atención médica y refugio.
El contacto con esas realidades y su extraordinaria sensibilidad humana, la hicieron asumir la necesidad de transformar aquella situación. Es innegable la profunda influencia que tuvo el padre de Celia en la formación de su espíritu rebelde y revolucionario.
Muchas personas desconocen que él pidió permiso al grupo expedicionario para que su hija integrara el equipo que subiría el busto de José Martí hasta el pico Turquino, el nivel más alto de Cuba a mil 974 metros sobre el nivel del mar, en la Sierra Maestra. La pieza fue obra de la escultora habanera Lilia Jilma Madera Valiente (1915-2000).
El 6 de mayo del 1953 el doctor Manuel Sánchez le dijo en carta a su hija Flavia que de hacerse la excursión llevaría a Celia de camarógrafa para las películas, como así fue.
Señalan los historiadores que la idea provino de la maestra de Pinar del Rio (occidente cubano) Emérita Segredo Carreño. El busto es una copia a escala menor del que se inauguró el 28 de enero de 1952 en la Fragua Martiana de La Habana, actualmente ubicado en su salón de actos.
Recuerdan que María Mantilla, la niña querida de Martí, dijo que era el más parecido de todos al rostro del Apóstol que ella recordaba. Mantilla visitó La Habana con 73 años, el 29 de enero de 1953, con motivo de las celebraciones por el centenario del Maestro.
Un lugar privilegiado en el corazón de su pueblo ocupa Celia, combatiente revolucionaria, política e investigadora cubana. Integró el Movimiento 26 de Julio durante la Guerra de Liberación Nacional de Cuba (1956-1958), desde donde organizó, por orientaciones de Frank País, la red clandestina de campesinos que fue vital para la supervivencia de la guerrilla que se convertiría posteriormente en el Ejército Rebelde, dirigido por Fidel Castro, quien desembarcó por el sur de la región oriental el 2 de diciembre de 1956,.
Fue Celia la primera mujer que ocupó la posición de soldado. Cumplió importantes misiones en el abastecimiento de la guerrilla y luego se convirtió en combatiente directa.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, asumió importantes tareas y responsabilidades, siendo participante activa de los momentos más trascendentales de las primeras décadas del período revolucionario, años en los que se dedicó a recoger y organizar toda la información referente a la lucha guerrillera.
Fue miembro del Partido Comunista de Cuba desde su creación hasta su fallecimiento.



