Sabremos derrotar a los zanjoneros

Protesta de Baraguá. Foto: Archivo Radio COCO

Protesta de Baraguá. Foto: Archivo Radio COCO

“…el Pacto de Zanjón no fue Paz, sino tregua y encono.
La bandera-sudario, que alguien dijo,
-bordada en Camagüey por manos de mujeres-
¡la izó en Mantua el machete del General Antonio!…”

Manuel Navarro Luna

“¡El 23 se rompe el corojo!” Lo anuncia el capitán Florencio Duarte cuando finaliza la entrevista del mayor general Antonio Maceo y el general Arsenio Martínez Campos en Mangos de Baraguá, el 15 de marzo de 1878.

Es la digna protesta contra los claudicantes. No puede haber paz sin cortar las cadenas que nos atan al imperio hispano y eliminar el grillete esclavista para siempre.

Y se rompe… Aunque las fuerzas han sido menguadas por la falta de unidad y la perfidia, todavía pelean mambises en los campos cubanos, sobre todo en las gloriosas tierras orientales.

La Constitución de Baraguá nace. Breve en textos, con cinco artículos y una duración de 74 días; su esencia estriba en su apoyo incondicional a los ideales y acciones independentistas olvidadas por los capituladores.

En ella aparece reflejado como nuevo presidente de la República en Armas, el mayor general Manuel Calvar; secretario, el teniente coronel Fernando Figueredo Socarrás; vocales: el coronel Beota y el brigadier Mármol.

Entretanto, el mayor general Vicente García ocupa el cargo de general en jefe del Ejército Libertador; el Titán de Bronce, segundo jefe del Ejército, queda al frente del Departamento Militar de Oriente. Significa mucho más: es el alma de la Revolución.

Maceo, ascendido a mayor general a principios de 1878, lo había celebrado peleando con éxito: 24 de enero, rotunda victoria en Palma Soriano al atacar un convoy, captura de 50 mil balas; vence en el llano de Juan Mulato, el 4 de febrero, y en Tibisí, el 8; en San Ulpiano las huestes patrióticas aniquilan el Batallón de San Quintín el 9 al ocasionarle 245 bajas entre muertos y heridos. La desunidad y las debilidades del Gobierno y varios jefes frenan la brega; soy radical: la traición de la mayoría de esos individuos conduce al pacto.

Baraguá vencerá. Por falta de condiciones y no de valor hay que finalizar las acciones posteriores a la protesta. Habrá que esperar aunque haciendo. La llamada Guerra Chiquita y otras acciones armadas demuestran que queda coraje suficiente para rescatar lo óptimo de la Guerra de los 10 Años, y hacerlo crecer en la conflagración decisiva: Martí, el Partido Revolucionario Cubano, juntados los robles veteranos con los Pinos Nuevos, una visión mucho más profunda. Céspedes renace.

La intromisión yanqui evita la existencia de una República con todos y para el bien de todos. Frente a este mismo enemigo y sus siervos internos, Cuba vuelve a luchar en diversas etapas. Desde las montañas llegan a las ciudades, insurrectas también, los nuevos mambises.

Con ese mismo espíritu se enfrenta aquí la vileza externa e interna y hasta los propios defectos. Por los nuevos caminos vamos guiados por la refulgencia maceísta de Baraguá: sabremos derrotar a los zanjoneros de hoy, cómplices de lo más podrido del Norte.

Lo canta Navarro Luna en los siguientes versos:

“Cuando habléis de la Patria,
si queréis señalar las altas cumbres del decoro
en la cumbre del hombre…buscad entre latidos de montaña sobre raíz de trueno y palpitar de troncos
la presencia profunda que nos cerca y nos manda:
¡El general Antonio!”

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