Era una fría noche de enero de 1929 cuando dos sicarios enviados desde La Habana por el tirano Gerardo Machado asesinaron en una populosa barriada de la ciudad de México, al revolucionario cubano Julio Antonio Mella. Y al amanecer los primeros trascendidos de la noticia se refirieron a la mujer que lo acompañaba en aquel infausto momento, una joven y bella italiana llamada Tina Modotti.

