Mitos, historia y leyendas de la Habana: la ficha del doble tres

El juego de dominó, tan recurrente en cualquier barriada habanera, ha estado asociado siempre al sano disfrute del tiempo libre entre amigos y vecinos

El juego de dominó, tan recurrente en cualquier barriada habanera, ha estado asociado siempre al sano disfrute del tiempo libre entre amigos y vecinos

El juego de dominó, tan recurrente en cualquier barriada habanera, ha estado asociado siempre al sano disfrute del tiempo libre entre amigos y vecinos, pero hasta  donde se conoce, sólo en la Habana, se encuentra asociado al arte fúnebre.

Juana Martín de Martín era propietaria del jardín “El Fénix”, aquel  donde el millonario Juan Pedro Baró encargara el injerto de la Rosa Catalina Lasa, pero era también una apasionada del célebre juego de mesa y el 12 de marzo de 1925 esta señora, para quien constituía una cuestión de honor ganar o perder una partida, jugó  la última de ellas, muriéndose de un infarto por la emoción de tener en sus manos la ficha del doble tres que le daría la victoria.

Sus hijos Luisa y Antonio, muy jóvenes aún, aseguraban que a su madre le gustaba tanto este juego que siempre encontraba la excusa para iniciar una partida y cuando perdía una de ellas perdía también todo tipo de control y en los días previos a este fatídico juego había sufrido varias de ellas.

Le llegaba la oportunidad del desquite y cuentan sus hijos que hasta a una santera había ido a visitar, quien le aseguró que esa noche, finalmente se recuperaría de sus últimas derrotas. Un juego iniciado con un doble ocho, donde Juana, que llevaba todas las cuentas, comprobó que tenía en sus manos, el doble tres, una de las dos fichas que dominaría el juego.

Esperaba que su compañero pasara, dándole la oportunidad de ganar la partida, pero para sorpresa suya él no lo hizo, no pasó y la empedernida jugadora, llena de ira y maldiciendo su suerte, cayó, para asombro de todos, muerta de un infarto con la ficha del doble tres apretada entre sus manos.

Sus hijos quisieron entonces hacerle un homenaje y mandaron a construir, en la parte superior de su lápida, en mármol blanco y negro, la ficha del doble tres, la que tenía en sus manos la  noche de su último juego.

Esta tumba suigéneris se  encuentra situada en el cementerio habanero y es motivo de admiración y perplejidad para todos aquellos que visitan ese  museo a cielo abierto que es la Necrópolis de Colón, porque hasta donde se conoce, en ningún otro país del mundo el dominó había sido asociado al culto funerario.

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