El 4 de agosto de 2010 dejó de existir físicamente Rolando Vergara Rodríguez, destacado compositor nacido el 19 de febrero de 1926 en La Habana; alguien que desde su fecunda lista autoral dejó registrado un largo catálogo de boleros, guarachas y sones.
Vergara Rodríguez fue cristalero de profesión, y más tarde compositor; diamante en mano supo pulir buena parte de nuestro repertorio musical, vidrio sonoro que sale del pueblo y pervive en él.
Ese mismo pueblo que siempre le tributó el aplauso y el premio al hacer suyo temas como “Hermosa Habana”, “He venido”, “La nada, nada inspira”, “Yo bailo con Chana”, “Raíces Profundas”, “Únicamente el destino”, “No lo dejes” para luego y Viejito tu charlestón, entre muchos otros.
En los años 50 del pasado siglo XX, comienza la vida autoral de Rolando Vergara y en la década del 60, Benny Moré le grabó el son-montuno “No lo dejes para luego”. A partir de entonces muchos cantantes y agrupaciones de pequeño formato del patio llevaron las obras del desaparecido creador al disco, entre estos: Los Zafiros, la Orquesta Aragón, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, Beatriz Márquez, Héctor Téllez, Gina León, así como varios grupos e intérpretes extranjeros.
Para Rolando Vergara Rodríguez más que dejar una lista de creaciones, su aporte a la cultura cubana, como siempre dijo, fue el de legar un granito de arena donde es la inspiración causa y efecto, motivación y saciedad; amor en el sentido más universal de la palabra; y definición como cubanos.
Si la humildad tuviera premio después de la muerte física o si los hilos mágicos que animan a los hombres a recorrer la eternidad existieran, entonces Rolando Vergara Rodríguez tendría un galardón asegurado.
Gracias maestro por tanto bien esparcido a favor de nuestra música y sirvan estas líneas para reconocer sus dotes y su permanencia obligada entre los grandes de la música del siglo XX cubano.


