
Foto: Cubahora
A diferencia de las llamadas estrellas fugaces –que surcan el cielo en las noches despejadas e inmediatamente se apagan–, el brillo dejado en la historia de Cuba por Camilo Cienfuegos ha quedado guardado definitivamente.
Un revolucionario como para leyendas, surgido de las entrañas de la Patria, se le recuerda como al hombre sencillo, de origen humilde, quien ante el llamado de su tiempo respondió transfigurándose sin pretender protagonismos, uniéndose a aquellos patriotas –los de la epopeya del Moncada– para dar su aporte a como diera lugar.
Por sus méritos como guerrillero le tocó el difícil privilegio de ser el continuador del Titán de Bronce en otra campaña invasora que culminó el empeño nacional en pos de dignificar al país para cumplir con su deber supremo en el momento preciso en que se le necesitaba; sin perder la jovialidad que le caracterizó, de habanero desenfadado y elocuente como la gente de su entrañable y natal ciudad, en la que acumuló vivencias de trabajador del comercio, antes de dar el salto desde el anonimato hasta la gloria y la inmortalidad.
Por eso, junto con José Martí y Antonio Maceo, Máximo Gómez, Calixto García e Ignacio Agramonte; la estampa sonriente de Camilo Cienfuegos está en nuestros billetes de banco o también en el nombre de muchas escuelas, fábricas o establecimientos diversos a todo lo largo y ancho de este país; puesto que él es, sin lugar a dudas, uno de los cubanos más recordables de todos los tiempos.
Murió joven, cuando empezaba a vivir la experiencia de la Revolución en el poder y asumía, con la intensidad de la prisa, responsabilidades no menos difíciles que las de aquellas batallas que dirigió con talento de estratega silvestre –junto a Fidel–; porque eso lo entendió como lo más urgente entonces, ya era pueblo. Y aún lo es, y lo será.
Ahí está su rostro en la Plaza de la Revolución, areópago de las masas, junto a los del Che y Martí, –entre los grandes de la historia cubana que él ayudó a forjar–; dejando ésta estela de luz que no se apagará mientras tengamos Patria, y así él nos acompañará siempre con su optimismo, en el puesto de los mayores riesgos sin perder jamás ese rasgo de nuestra identidad cubanísima; porque “Camilo es la imagen del pueblo” y “en el pueblo hay muchos Camilos ” esperando su momento, que es éste y no otro dejado para después en la misma epopeya histórica; devenido ídolo y ejemplo legendario para niños y jóvenes en quienes está el futuro, desde hoy mismo.

