Crónica de lunes: La culpa

La culpa nunca cae en el suelo. Diseño: Gilberto González García

La culpa nunca cae en el suelo. Diseño: Gilberto González García

“La culpa, la maldita culpa, no la tiene nadie”, dice un verso de una canción del reconocido dúo cubano Buena Fe, y la afirmación parece algo incongruente si se tiene en cuenta el viejo refrán que reza: “La culpa nunca cae al suelo”.

Claro está, que quien escuche con atención el tema de Buena Fe, o bien lea la letra detenidamente, se dará cuenta de que el fragmento que encabeza esta crónica está puesto en sentido figurado, pues al final siempre el yerro recae en alguien que no siempre, por desgracia, es quien de verdad merece cargar con él, porque como otro adagio muy cubano asegura: “Todos los pájaros comen arroz y el totí carga la culpa”.

¿Por qué? Quizás porque es el más débil, el más prieto, si se tiene en cuenta que este refrán data de tiempos en que el racismo era cosa corriente y los negros eran quienes más bajo estaban en la escala social.

Para entender bien este complicado asunto de la culpa hay que saber primero cuál es su significado, que no siempre se interpreta de la forma más cabal.

Según la Real Academia de la Lengua es: Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta; hecho de ser causante de algo; en derecho, omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal.

También es el sentimiento que genera en la persona el saber que ha cometido alguna acción u omisión con un daño consecuente y para los religiosos, la culpa es sinónimo de pecado.

Con esto parece que la cosa se complica más, sin embargo si usted tiene paciencia y no hace clic en la crucecita de cerrar la página, se dará cuenta que es mucho más sencilla. Verá, mi definición de culpa es: esa responsabilidad que nadie quiere asumir cuando las cosas se hacen mal.

Por ejemplo: la calzada se reparó hace solo un mes y ya está llena de baches. Dice el operador de la asfaltadora: “La culpa es del camionero que se demoró mucho en traer el asfalto que ya llegó frío”; el camionero: “No, la culpa es del mecánico que no reparó bien el camión que se rompió por el camino”; el mecánico: “No, la culpa la tiene el almacenero que no entregó a tiempo la pieza de repuesto para el camión”; el almacenero: “No, el jefe de almacén se llevó la llave y al otro día no vino a trabajar”; el director de la empresa: “La culpa la tienen estos trabajadores que no tienen sentido de pertenencia y no les importa que las cosas salgan mal”. Y usted, señor director ¿qué estaba haciendo? ¿No tiene sentimiento de culpa?

¡Que nadie se sienta aludido! Este caso es ficticio. Pero así puede ocurrir, al igual que en un juego infantil en el que cada uno de los participantes asegura que él no se comió el pastel que le hizo su mamá y le echa la culpa al siguiente.

Por eso ocurre que, como en la canción de Buena Fe, la culpa no la tiene el chino que inventó la pólvora, ni el carpintero que hizo la cruz de Jesucristo, ni la bala perdida, ni los gusanos que se comen la cosecha, ni el papel que aguanta todo lo que le escriben… sobre todo el papel.

Lo importante no es quien asume la culpa, aunque quien la tiene debe tener también el valor de reconocerla, pero lo más substancial es evitar los errores y, en caso de cometerlos, enmendarlos de inmediato en lugar de auto flagelarse o, lo que es peor, intentar pararle la “papa caliente” a otro.

saber-masLetra de La Culpa, del dúo Buena Fe

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