Crónica de lunes: Los atravesados

Foto y diseño: Gilberto González García

Foto y diseño: Gilberto González García

Los atravesados son personas cuyas actitudes están diseñadas para entorpecer, frenar, las aspiraciones de los demás. En muy pocas circunstancias son beneficiosos para la mayoría, por lo general resultan abominables, subhumanos. Algo así como el Yeti o Pie Grande, pero no tan escasos como estos.

En esta crónica de principio de semana se pretende ponerlos al descubierto en sus verdaderas esencias, quitarles las pieles, o más bien, como se dice en Cuba “arrancarles la tira del pellejo”. Veamos algunos ejemplos, el primero de los cuales se basa en un hecho real, acaecido a mi vecina y amiga Baby, el cual motivó la reflexión que dio origen a este escrito.

“¡Tú sabes lo que es que ya yo estaba vestida y maquillada, lista para salir a pasear con mi novio, y se aparece Pepe a pedirme que lo deje bañarse y afeitarse en mi casa porque en la suya se había acabado el agua!.. ¡Es un miércoles!”

Por cierto –como se ve– en nuestro verde caimán suele llamársele como ese día de la semana a esa clase de individuos. También se dice que los miércoles son días atravesados y hasta algunas personas supersticiosas les atribuyen cualidades fatídicas; y solo porque –los pobres– están justo en medio de la semana.

Están los atravesados laborales: todo el consejo de dirección está entusiasmado para emprender una tarea que podría mejorar las condiciones de trabajo del colectivo y, de pronto, se para uno y dice: “Yo considero que eso no es viable por tal o más cual razón”, y así les corta las alas del corazón a los demás.

Existen los atravesados amorosos, esos que han terminado una relación pero continúan arrojando sombra sobre su ex pareja para evitar que pueda enrolarse en un nuevo romance.

En la política están los atravesados que niegan su voto y echan por tierra las aspiraciones de los demás a la hora de tomar una decisión. Por ejemplo, los congresistas norteamericanos que insisten en tratar de evitar que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba mejoren.

En este aspecto están también aquellos que, sin razón lógica, se oponen a la forma de gobierno elegida por la mayoría, como los llamados “disidentes” y “opositores” cubanos.

Y, por último están los “rebeldes sin causa” esos que siempre están en contra de todo porque sí, sin una razón que esgrimir, solo porque les da la gana.

Hasta ahora hemos despellejado a los que pueden ser llamados atravesados en el sentido figurado de la palabra. Pero hay otros a los que el vocablo puede aplicarse de forma mucho más literal o física:

El que tiene su auto estacionado junto a una acera estrecha y mantiene la puerta abierta obligando a los transeúntes a rodear el vehículo por la calle para poder seguir su camino.

Los que, no se sabe por qué, han adicionado a las puertas de sus casas rejas de seguridad que abren hacia fuera y luego las mantiene abiertas bloqueando el paso en aceras, pasillos interiores o escaleras.

Los que plantan la mesa de dominó en la acera o el soportal, arrastrando tras de sí un numeroso grupo de “sapos”* que contribuyen junto con los jugadores a ocupar el espacio necesario para transitar.

Los que caminan, o se paran a conversar, en grupos abarcando todo el espacio disponible e impidiendo que usted pueda seguir su camino. Los que colocan objetos en la vía pública, etc., etc.

Cada tesis debe tener sus conclusiones y propuestas, entonces ¿Qué hacer con los atravesados? En verdad, es una pregunta difícil de responder, porque hay tantas y tan variadas actitudes que cada caso debe analizarse por separado. Pero, en sentido general, deben ser bloqueados, gardeados a presión –como se dice en el argot futbolístico­– hasta lograr que se den cuenta de que están obrando mal y cambien sus negativas formas de actuar.

* Sapo: Forma de nombrar en Cuba al espectador ocasional de cualquier juego de mesa, especialmente del dominó, o quien se para a mirar mientras espera que alguien pierda y se levante de la mesa para ocupar su lugar. Se les llama sapos porque existe la tradición de que su presencia puede traer mala suerte a los jugadores. Quizás el origen de esa creencia venga de la relación entre los sapos verdaderos y la brujería. Sapear, en Cuba, es traer mala suerte, casi siempre intencionalmente o por descuido. (Nota del autor).

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