
Se es maestro o profesor como profesión, este enseña materias, el educador además fomenta valores. Foto: Internet
Educar es un concepto infinitamente amplio. Se es maestro o profesor como profesión, este enseña materias, el educador además fomenta valores.
El maestro y el profesor imparten clases, trabajan para desarrollar el intelecto del alumno, abren espacios para el conocimiento universal, y también como educadores construyen conductas éticas y morales compatibles con la sociedad de la cual forman parte.
El proceso de educar y ser educado acompaña al individuo durante toda su vida. No en balde José Martí afirmó que “la educación comienza en la cuna y no termina sino con la muerte”.
Han sido educadores luminosos, quizás con muy poco, o tal vez sin ningún espacio al frente de un alumnado, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Rafael María de Mendive, Antonio Maceo, Mariana Grajales, Fidel Castro o los Cinco antiterroristas cubanos cuyas vidas ejemplares y modo de pensar y de actuar han fortalecido el carácter solidario, firme, patriótico y humilde de generaciones de cubanos.
Con el triunfo de la Revolución Cubana, la educación asaltó espacios al esparcirse cual bálsamo bendecido, por avenidas, calles, guardarrayas, montañas y llanos de la geografía insular, y no conforme, voló, ya con carácter propio, por cielo épico hacia otras latitudes.
En cualquier rincón del mundo, donde haya un coterráneo que ejerza la pedagogía, la enseñanza o la construcción de un hombre digno, útil y generosamente fiel al himno de Bayamo, a la bandera de la estrella solitaria y al escudo de la palma real, recibe la admiración de pueblos dignos por esa obra eterna en la construcción de un mundo mejor.

