
Foto: Juventud Rebelde
Conocer en la prensa sobre la venta de uniformes de secundaria básica trajo a la mente de algunos padres los momentos que años atrás vivieron, al adquirir en tiendas de productos industriales esas prendas que tanto representaron en la vida de sus hijos.
Solo el hecho de cambiar de la enseñanza primaria para la secundaria básica vestidos con otro atuendo, marca la diferencia; a los niños que se graduaron en julio de sexto grado, tras dos meses de vacaciones, en septiembre se les ve diferentes, ya que se trata de un nivel educativo superior.
Esa es la realidad: escuela y maestros nuevos, horario escolar distinto, así como amigos; el contacto por primera vez con la merienda escolar que, si bien algunos prefieren y otros no, constituye un nutritivo alimento que el Gobierno cubano pone en manos de los estudiantes todos los días de forma gratuita.
La escuela es por excelencia donde se concibe que deba de estar un estudiante porque está recibiendo su influencia, aunque sea la hora del receso, rodeado de profesores y compañeros que hablan el lenguaje inquietante de la adolescencia, mientras sus padres trabajan.
El uniforme los distingue entre el resto de las enseñanzas y, a pesar de que suene extraño, la mayoría de las personas se inquietan cuando en horario escolar ven en la calle a uno de esos estudiantes que visten blusa o camisa blanca, y pantalón o saya color mostaza.
A la vez de sentir el orgullo por verlos crecer y apreciar lo bien que le queda el nuevo atuendo, los padres estrecharán durante el curso escolar los vínculos con la escuela, para estar informados periódicamente de cómo marcha su hijo en el aprendizaje, el comportamiento y cumplimiento de otras tareas.
Una hermosa historia acompaña el cambio de la primaria a la secundaria básica, pues dejan de ser niños; sin embargo, los padres deben de estar claros que es necesario estar al tanto de ellos más que nunca: de su vocabulario, amistades y comportamiento en general.
La escuela contribuye pero la mayor responsabilidad recae en la familia.
Su formación está aún incompleta, y siempre será poco el tiempo que se les dedique en aras de que sean cada día solidarios, respetuosos con los mayores, alejados de la chabacanería y las malas palabras, en fin, mejores educandos.

