
La higiene comunal requiere menos indisciplinas sociales, más organización y control del funcionamiento de la administración pública. Foto: Radio Rebelde
El reordenamiento de acciones integradas para el saneamiento de campos y ciudades, forma parte de la responsabilidad de los gobiernos locales y la dirección de Servicios Comunales que, de conjunto con las autoridades del Ministerio de Salud Pública, intensifican las labores ambientales.
En La Habana, la disponibilidad técnica del Servicio Comunal está disminuida en un 80 por ciento, por lo que sólo existen unos 13 mil contenedores al servicio de la población, pero el llamado a la responsabilidad estatal y ciudadana no justifica las conductas inapropiadas e insiste en el cuidado de la limpieza de cada rincón de la isla caribeña.
De la práctica cotidiana de indisciplinas sociales parte la suciedad de la inmensa mayoría de los territorios capitalinos, donde pululan insectos y roedores trasmisores de enfermedades, sin que la consciente acción popular se percate aún de cómo contribuir modestamente con la urbanidad de garantizar la salud familiar y del entorno.
Aunque la recogida diaria y en dos turnos de trabajo del Servicio de Comunales intenta eliminar los desechos sólidos y la eliminación de micro vertederos, se requiere más exigencia para cumplir con lo legislado y no basta la aplicación del Decreto 72 que desde el Consejo de la Administración Municipal y su cuerpo de inspectores impone multas a las administraciones que descuidan la limpieza.
La cooperación de los vecinos, organizaciones de masas (fundamentalmente CDR y FMC) podrá aliviar en alguna medida la labor de los obreros de comunales en el barrido de calles y selección de materia prima útil para el reciclaje, pues los jardines y patios particulares también se integran al medio ambiente como el paisaje de belleza natural deseado.

La cooperación de los vecinos, organizaciones de masas alivia en alguna medida la labor de los obreros de comunales .
Por eso también es necesario hacer un llamado a la responsabilidad compartida entre estatales y ciudadanos, para crear hábitos y un estilo de vida más saludable en función de no arrojar papeles, ni basura fuera de los recolectores y evitar la acumulación de escombros u objetos en desuso.
En general, la higiene comunal requiere menos indisciplinas sociales, más organización y control del funcionamiento de la administración pública para el cuidado y embellecimiento de las comunidades, clave de la inmunidad para proteger la vida.

