
Juan Almeida Bosques. Foto: Archivo Radio COCO
Tres días después de San Valentín, nació Juan. Juan cubano, negro y pobre, entonces Juan sin nada en medio de privaciones y añoranzas. Era humilde su hogar pero rico en los valores del decoro, la dignidad, la lucha tenaz por la justicia, el amor a su tierra… Así creció este Juan nuestro, que entre el yugo y la estrella escogió el camino que los hombres puros se trazan para andar.
Se propuso luchar por derechos, libertad, pan y escuela para la gente de su isla. Se elevó en su estatura de hombre, obrero, revolucionario y combatiente y empezó a distinguirse Almeida entre los muchos Juanes de la tierra.
Junto a Fidel asaltó el Moncada, sufrió prisión, fue exiliado en la tierra de Benito Juárez… y de allí, inscripto ya en la nómina de los héroes, regresó en el yate Granma y subió a la Sierra Maestra.
Y Juan ¡Qué no se rinde! Soldado rebelde, capitán de valor, comandante, siguió su signo por los destinos de la patria hasta darle al pueblo entera libertad. Pueblo él mismo, Cuba él mismo; ser humano sensible, firme, fiel, incansable, solidario y feliz de su nuevo destino.
Y llegado el momento de construir, de fundar… se crece Juan aún más en su humana estatura; se empina como un bosque: viceministro, vicepresidente, diputado, artista, eterno combatiente, y tanto… que trascendió por siempre al sitio de la gloria.
Por eso las medallas ganadas por Juan Almeida Bosque, el Juan más querido de todos los cubanos, Héroe de la República de Cuba, incansable forjador de amaneceres… brillarán por siempre con los mismos destellos de sus acciones y su ejemplo, más presente que nunca en cada nueva obra por él inspirada, como toca a los grandes, como toca a los próceres que alimentan el alma de la América nuestra.
