Un hecho marcó un antes y un después en la percepción que, hasta ese momento, tenían la mayoría de los cubanos sobre la Revolución, cuyo triunfo ocurrió el primero de enero de 1959.
Tal acontecimiento se produjo el 17 de noviembre de 2005, cuando Fidel Castro Ruz habló en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en ocasión del aniversario 60 de su ingreso a la Casa de Altos Estudios.
De ahí que estemos en el noveno aniversario, de cuando el líder histórico de la Revolución estremeció a los habitantes de esta Isla, con una confesión que los haría más críticos ante los desvaríos y los errores. Fidel expresó entonces: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
Esa expresión posee un mayor valor, alcance y trascendencia, porque Fidel la dijo ante las “nuevas generaciones de líderes”, a quienes realizó preguntas de absoluta vigencia, presente y futura: “¿Qué hacer y cómo hacerlo? (…) ¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario? (…) ¿Cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?”
El propio Fidel alertaba, con absoluta transparencia, tras realizar las citadas interrogantes a la nueva hornada de dirigentes juveniles: “Cuando los que fueron de los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes”.
Dicho esto último por Fidel aquel día memorable, no sólo para recordarlo como uno más en los anales históricos de la Patria, pues contribuyó a que los cubanos fueran más críticos y menos complacientes con la obra de la Revolución, el propio Fidel hizo otra interrogante: “¿Es solo una cuestión ética?” Y a continuación se contestó: “Sí, es primero que todo una cuestión ética; pero además, es una cuestión económica vital”.
En esa larga parábola discursiva, muy propia de la oratoria de Fidel, se infieren dos importantísimas conclusiones: primero: hay que poner coto a la corrupción, cualesquiera que sea su pelaje y monta; segundo: es preciso que las 313 reformas económico-sociales en curso, permitan una vida próspera y sostenible para los cubanos, para que exista una real y verdadera conjunción ético-económica, la cual permita a la Revolución, trascender en el tiempo.
Texto íntegro del Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz 17 de noviembre de 2005

