La soledad es mala consejera y peor compañía

Soledad. Diseño: Gilberto González García

Soledad. Diseño: Gilberto González García

Muchas personas que trabajan a diario en centros laborales de diversas ramas de la sociedad afirman que, por lo general, antes de terminar los días de asueto correspondientes a sus vacaciones, sienten inmensos deseos de volver al trabajo.

Parece contradictorio, pero no lo es ya que, después pasar los primeros días de ocio y resolver unos cuantos problemas en la casa y de otro tipo en la calle, si no se relacionan con otras personas, el reto será quedarse nada más con sus pensamientos, que por lo general no suelen ser optimistas.

Sobrará el tiempo para pensar que sienten dolores en diversos lugares del cuerpo que, quizás por los trajines, no sentía con anterioridad. Le verá múltiples defectos a la casa que antes no observaba porque al regresar del trabajo casi anochecía y no se notaba la falta de pintura, la rajadura de alguna pared que antes pasaba inadvertida.

Observará, además, frente al espejo, que envejeció en los últimos tiempos, descubrirá nuevas arrugas que hasta hace poco no sabía que existían y hasta le parece que se le mueven los dientes, entre otras calamidades. Se sentirá angustiado ante estas nuevas situaciones y, sin dudas, pensará que desea con fervor volver a su ajetreo cotidiano.

Llegará a la conclusión de que no habrá nada mejor que llegar a su centro y darle los buenos días e intercambiar con sus compañeros y de ahí pasar a las actividades del día hasta que llegue la hora del almuerzo o de la merienda, para luego reanudar las labores sin pensar en nada desagradable.

Al hombre o la mujer de trabajo, recesar demasiado no les hace bien, ya que se alejan de las ideas provechosas, tanto para ellos como para el resto de la gente que les rodean.

El hombre es por naturaleza un ser social, de ahí el placer por pasar el mayor tiempo rodeado de quienes tienen intereses comunes e ideas semejantes en un sinnúmero de aspectos y realizar, aunque sea por poco tiempo, aquello que le da más satisfacción, ya sea pescar, ver películas, oír música y bailar, entre otros entretenimientos.

Bienvenidas sean las vacaciones de pocos días para renovar las fuerzas, que serán mejores si no se quedan en casa, porque queda demostrado que la soledad es mala consejera y peor compañía.

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