
La maestra Mercedes González Quiala junto a sus alumnos. Foto: Teresa Valenzuela
La joven paquistaní Malala Yousefzai ha escrito: “Un niño; un maestro; un libro, pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución”.
Y tiene razón esta joven luchadora, que asiste en su país y en otros a la desolada realidad de ver cómo en edades en que se debiera estar en los centros escolares, las niñas y los niños trabajan en condiciones de casi esclavitud; eso, cuando no son vendidos o caen bajo la metralla de los conflictos.
Son muchos los sitios, incluso de naciones con riquezas incalculables donde los únicos “maestros” suelen ser los ancianos de la familia o de la comunidad, quienes a veces tampoco saben leer y escribir, pero se esfuerzan en trasmitir la sabiduría y la cultura de forma oral, para preservar lo poco que les queda como pueblos.
Pocas naciones pueden decir, como Cuba, que sus niños y niñas hoy visten uniforme y acuden a las aulas a descubrir el Universo y sus raíces, historia y valores.
Escasos los que abren las universidades sin descontento estudiantil y casi ninguno dará cabida en ellas a jóvenes de pocos recursos, por muy talentosos que sean.
Son historias sabidas, pero ninguna nos toca ni con la levedad de una palabra. Tal vez a algunos por ahí le parezca petulante, pero es muy cierto que la Revolución ha priorizado la educación de sus ciudadanos de todas las edades, sin distinción de ninguna clase.
Además, está consciente de que es obligación del Estado socialista y de su esencia humanista facilitar los saberes como un derecho humano, como garante del desarrollo espiritual de los individuos y del propio desarrollo de la nación. De ahí la importancia del maestro y de su preparación ética y moral.
El propio José Martí, nuestro Héroe Nacional -llamado a su vez Maestro-, pudo desarrollar su potente pensamiento humanista y revolucionario no solo por su inteligencia natural, sino porque contó con mentores como José de La Luz y Caballero y su querido profesor Rafael María de Mendive.
El primero había entregado su sabiduría a una generación que antecedió a Martí, pero fue estudiado por el Apóstol, quien diría de él que le había legado este gran aprendizaje: “(…) lo más difícil es hacer hombres”.
Mendive, por su parte, había creado en su escuela una intensa atmósfera de poesía, creatividad y pasión por el conocimiento, hechos que tendrían un gran impacto y receptividad en su joven alumno.
Martí fue asimismo un maestro inspirador de lucha y de conceptos que desde el Moncada y en todos los años de la Revolución igualmente se han cumplido, porque calaron en el pensamiento y la obra de Fidel Castro, gran lector y estudioso del Héroe Nacional.
El Comandante en Jefe, se conoce, se nutrió de las lecturas de sus escritos de todo tipo, y entre estos también los relativos a la pedagogía, la relación entre maestro, escuela y sociedad; la necesidad de vincular el estudio y el trabajo y de preparar a hombres y mujeres con altos conocimientos, que sirvan a sus iguales sin egoísmo, siendo fervorosos predicadores y portadores de los valores de su nación.
No muchos pueden ser esos grandes pensadores y educadores mencionados. Ellos tuvieron su tiempo fecundo. Basta con que los de ahora comprendan que este es el momento en que les toca dar fe de su pedagogía, el de acudir cada día al aula a tocar la inteligencia y los corazones de seres que apenas se abren a la vida. Es una gran responsabilidad y se debe asumir con igual decoro que quienes les antecedieron
La mayoría, imagino, podemos mencionar un maestro o maestra que de alguna manera recordamos con amor o agradecimiento, son esos que mostraron el empeño, la sensibilidad, la ternura, la magia de enseñar; esos de los cuales se puede decir: fue mi mejor maestro o maestra, me consoló en momentos difíciles, me salvó del mal camino y lo que logré se lo debo a su enseñanza, a sus consejos, a su ejemplo.
No creo que haya nada más hermoso que se pueda escuchar.
Tiene razón Malala: un niño, un maestro, un libro, pueden cambiar el mundo. Ese es el reto de quienes enseñarán en este nuevo curso escolar en nuestro país ahora y en los años por venir.

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