
Imagen tomada de Un poema cada día
Ya casi al final del año, la mayoría de las personas indagan sobre los propósitos que cumplieron en esta etapa y las metas que se fijarán para el próximo, pero ¿qué hay de los propósitos no cumplidos? ¿qué pasa con las cosas que no conseguimos lograr?
En la vida ocurren episodios agradables y positivos que impulsan a continuar con nuestros sueños, pero dejamos de lado “lo malo” y ese tema no queremos ni tocarlo. Siempre es gratificante y alentador alcanzar lo que nos proponemos, pero todos debemos ser menos autoexigentes y comprender que si una meta no se alcanza, no es por falta de capacidad o dedicación, sino porque a veces las cosas salen bien y otras no, de eso se trata la vida; no siempre se puede ganar.
En esta época de fiestas afloran muchísimas sensaciones, parece que todos nos sentimos más vulnerables, más sensibles, y replantearse todo parece una costumbre casi obligada.
Los proyectos, las metas y los objetivos parecen competir alocadamente para que en diciembre sean batallas ganadas, como si en ese mes todos los plazos se vencieran y se torna casi de vida o muerte que todo esté resuelto para sentirnos realizados y orgullosos de nosotros mismos.
Fracasar no significa que se ha perdido la batalla, el año nuevo nos espera con las puertas abiertas para poder comenzar nuevas aventuras. En esta etapa meditamos sobre nuestro comportamiento y vemos si está siendo el adecuado para ser mejores cada día, además nos motivamos para empezar desde cero en muchos aspectos de nuestra vida.
Los años pasan dejándonos recuerdos inolvidables, éxitos profesionales y de grandes momentos personales, enfados que se convierten en sonrisas, las tristezas en esperanzas y banderas que ondean de amor, esperanza y paz.


