Creo que no exista un solo latinoamericano digno que no se sienta indignado con las amenazas que hoy enfrenta Venezuela, el país de este hemisferio que en los últimos 200 años de la historia ha dado inmensas lecciones de solidaridad al mundo.
Fue Simón Bolívar el más grande de sus hijos, el libertador de otras cinco naciones de nuestro continente: Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú, además de su patria, luego de decretar la campaña admirable, llena de triunfos que lo llevó hasta Caracas, donde fue aclamado como El Libertador.
Pero Bolívar se pronunció también en la Carta de Jamaica por conquistar la libertad de Cuba y otras islas del Caribe.
Como cubana aprendí a amar a ese héroe americano casi desde que supe leer, cuando de la mano de José Martí descubrí en La Edad de Oro que él “[…] ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos. Todo se estremecía y llenaba de luz a su alrededor […] jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos, como el derecho de América a ser libre”.
Donde también nos aconsejaba que todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él, porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso, y al último soldado, que es un héroe desconocido, porque hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria.
Y así fue creciendo en la niña que fui, mi admiración por el héroe, por su patria y por su pueblo, el mismo que recibió a Fidel Castro el 23 de enero de 1959, en la que constituyó la primera visita al exterior del líder de la Revolución, adonde viajó para agradecer cada bolívar que aquel pueblo recaudó para apoyar a los rebeldes de la Sierra Maestra, desde donde arribó, pocos días antes del triunfo, el 7 de diciembre de 1958, un avión con el más importante alijo de armas que hubiera llegado por vía aérea a las fuerzas guerrilleras cubanas durante la contienda.
Y pasaron los años y aun cuando los gobiernos de turno no estuvieran a la altura de las circunstancias, siempre hubo en el alma de los cubanos una admiración y un respeto inmensos por ese pueblo, hasta que un día llegó a Cuba Hugo Chávez, el hombre que, al decir del propio Fidel, fue el mejor de los amigos, el más leal, que ha tenido nuestro pueblo a lo largo de la historia.
Y los lazos entre Venezuela y Cuba se hicieron más intensos, la hermandad entre nuestros pueblos se agigantaba.
En los momentos más críticos para la economía cubana, es cierto que incondicionalmente contamos con la ayuda económica de aquella gran nación rica en recursos naturales de todo tipo, liderada por un hombre de grandeza excepcional.
Cuba retribuía de otra manera su solidaridad; médicos, maestros, proyectos científicos, deportivos y culturales en un intercambio pueblo a pueblo que nos hicieron como familia, porque eso somos, hermanos.
Venezuela ha sido hermana generosa y no solo con Cuba, lo es con muchos otros países del mundo, sus abundantes recursos minerales y naturales los comparte de manera altruista con los más desposeídos del mundo, incluidos los negros más humildes de Nueva York, que gracias al petróleo gratuito que se les hace llegar, desde que Hugo Chávez llegara al poder, estos pueden disfrutar de calefacción en sus hogares y tener una vida más digna, humana y justa.
Y eso le duele a la burguesía oligárquica, que no quiere más patria que el dinero y ha sido capaz de cometer los actos más violentos e indignos que pueda persona alguna consumar, llegar a pedir y prestarse para apoyar a una intervención militar extranjera en su suelo patrio.
Hoy Venezuela nos necesita a todos y siento que me asisten las razones para ser solidaria con ese pueblo hermano, generoso y hacer mías las palabras del maestro cuando dijo: “Deme Venezuela en qué servirle, ella tiene en mi un hijo” y recordar también a mercenarios y oportunistas aquellas otras palabras del héroe cubano que son proféticas: “El bien que de un lado se siembra es semilla que en todas partes fructifica”.
Venezuela ha hecho mucho bien en el mundo, no así los sucesivos Gobiernos de los Estados Unidos, los que, como dijera Bolívar, “parecen destinados por la providencia plagar la América de miseria en nombre de la libertad”.
Las calumnias se han ensañado con la patria de Bolívar y volvamos nuevamente los ojos a José Martí, él nos advierte que lo primero que hace un pueblo para tratar de dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos “Ya no podemos ser un pueblo de hojas, que vive del aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según acaricie el capricho de la luz o la anden o talen las tempestades. Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas”.
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Gilbert, gracias por el diseño que realizaste en la fotografía, eres especial, abrazos, Mary