José Marti con apenas 23 años escribía en el periódico Morning Chronicle en el año 1810 su invitación a todos los pueblos dde america, excepto los estados Unidos de Norteamérica, a que se unieran en un “Confederación”, teniendo como referencia los albores del proceso liberador venezolano.
Con el ejemplo de Caracas, ese de declarar la guerra a España como única vía para alcanzar la independencia, no podía contarse con los Estados Unidos que a la sazón cumplía 34 años de separación de la corono británica, y que se mostraban “neutrales” ante la luchas de independencia de los pueblos latinoamericanos por su liberación de la metrópolis española.
Bolívar lanzó emitió, el 7 de diciembre del año 1826, dos días antes de la de la victoria de Ayacucho, su histórica circular a los gobiernos de las repúblicas de Colombia, México, Río de de la Plata, Chile y Guatemala, dirigida a fomentar la integración hispanoamericana, pues ya España, definitivamente derrotada, ya no era un estorbo, sobre todo porque las armas bolivarianas y sanmartianas habían preparado las condiciones materiales para hacer posible la gran confederación.
Bolívar quería la realización del congreso a mediados del año 1825, pero solo fue posible un año después.
“La nutrida correspondencia del Libertador en el año y medio corrido desde la convocatoria a la realización del cónclave, tiene una nota constantes, conminatoria, reiterada: La expresa exclusión de los Estados Unidos” (1).
Las bases fundamentales de la confederación latinoamericana del siglo XIX, de independencia, unidad y soberanía frente a la dominación española, tienen hoy vigencia total ante el empuje del sistema imperial estadounidense vigente en pleno siglo XXI.
(1) Galich, Manuel, Granma, No. 181, año 1981
