22 de agosto de 2021

La gran farsa boxística Johnson-Willard: 5 de abril de 1915

La gran farsa boxística de Jack Johnson y Jess Willard. Foto: Tomada de Internet.

Jack Johnson está cansado, muy cansado. No busque la culpa en el duro entrenamiento para brillar entre las cuerdas. En los últimos tiempos ha bajado el ritmo de ese adiestramiento.

Físicamente se siente bien, a pesar de sus 37 años. La mente es torbellino. Lo persiguen. Lo amenazan. Teme que un disparo por la espalda le robe la vida. Ser el campeón mundial de todos los pesos no juega con su piel.

Recuerda lo que le dijo un colega de origen indio: “A los caras pálidas, como les pusieron mis abuelos, no les hace gracia que gente como tú y yo los superemos en algo”.

“El desprecio lo han convertido en odio, sobre todo entre los que tienen plata. Y los norteamericanos verdaderos somos nosotros, a los que nos nombraron indios: acabaron con los búfalos, nos arrebataron las tierras, confinados, degradados al desunirnos, al llenarnos de mala fe, de alcoholismo, de usarnos unos contra otros gracias al dinero”.

“Nos asesinaron como pueblo, más allá de tantos cadáveres que nos obsequiaron en su ofensiva conquistadora. A los negros tampoco los perdonan. Fueron esclavos, deberían seguir siéndolos, así sienten. ¡Muchísimo de la peor visión del sur está muy metida en el corazón de estos bandidos!”.

Conversaron acerca de lo que le habían hecho al más grande atleta de todos los tiempos: Jim Thorpe. Oro en el decatlón y el pentatlón de los Juegos Olímpicos, efectuados en Suecia, en 1912, lo despojaron de los cetros al poco tiempo, con un subterfugio para encasillarlo como profesional.

Uno que vive en la reserva Shawnee, nombrado Sendero Luminoso, un nieto del combativo jefe sioux Águila Negra, no es digno de tantos elogios ni de ese par de premios, según ellos.

Ahora anda por ahí, arrastrando el alma de tanto dolor, rogando para que le devuelvan sus medallas, aunque sigue batido muy arriba como futbolista y pelotero. De contra, agregó otro pecado al casarse con una blanca.

“Coincide esa vida con la mía, -pensó Jack-tampoco me perdonan”. No se equivoca. Es el titular de los pesos completos y su mujer es blanca. Ha tenido que huir a otros países, acusado injustamente de delitos.

Lo apresarían con cualquier invento si lo agarran en su patria; ¿patria dije…? Ha perdido sus entradas monetarias y lo único que sabe a ciencia cierta es subirse al ring para intercambiar golpes.

Debe ceder o él y su compañera morirán de hambre. De cualquier rincón pueden venir balazos que les borren la existencia. Son capaces. No le queda más remedio que entregar la corona.

EN EL HIPÓDROMO HABANERO, EL FRAUDE
Se ha pactado la pelea-¿pelea!- que Johnson va a perder. Escenario: un cuadrilátero habanero ubicado en el famoso Hipódromo Oriental Park.

Rival, quien ha sido designado triunfador y nuevo campeón, Jess Willard, un gigantesco blanco de 250 libras, escaso arte pugilístico, lento de piernas y brazos, sin ser dueño de un demoledor punch.

Alto es también el as, aunque no pasa de las 205 libras de músculos, con habilidad y puños poderosos.

Que le pregunten al salvaje Stanley Ketchel, rey de pesos inferiores: intentó bajar del trono a Jack, y éste le desbarató los sueños y el físico, al noquearlo en una famosa batalla, escenificada el 16 de octubre de 1909.

El corajudo retador salió con dos dientes de menos y varias costillas rotas, pero hoy es el 5 de abril de 1915 y el astro debe apagar su luz.

De hacerlo, le permitirán una estancia normal en Estados Unidos, amén de 10 mil dólares aparte de la bolsa.

Su esposa ocupa una de las sillas de las filas cercanas al cuadrilátero. El titular conoce muy bien a la gentuza vapuleadora: ella le comunicará por señas si ya recibió el pago por el tongo. Entonces se tirará. Mientras, más artista que nunca, se va comportando frente al oponente.

Debe aparentar la ofensiva de siempre sin dañar la anatomía del oponente. En uno de los capítulos, por poco se le va la mano y lo anestesia.

El abrazo. Quien más lo prolonga es quien mareó y no el mareado: aquel se está jugando la bolsa, la libertad, la vida.

Capítulo 26 de los 45 programados. ¡La señal! Forcejeo, cae, ¡se tira! Los rayos de sol le molestan. Extiende un brazo para defenderse de ellos. Varios fotógrafos captan la escena. Testimonio claro de que el encuentro es una mentira, propia de USA y del negocio que es su boxeo.

Míster Willard ha ganado -lo han hecho ganador- por KO. El gran Jack Dempsey le quitó la corona en 1919, con una paliza que prácticamente retiró del deporte a este “tonguero”, quien salió con tres costillas fracturadas y una hinchazón más que rostro.

Las dos figuras enlazadas en el timo murieron en sendos accidentes de tránsito: Jess con 60 años; Johnson, con 68, cuando se dirigía a presenciar el primer encuentro entre los gloriosos Joe Louis y Billy Conn, el 18 de junio de 1941, ganado por el primero con K0 en el trece.

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