22 de agosto de 2021

¡Por fin los primeros Juegos Olímpicos: abril 6 de 1896!

El rey Jorge V de Grecia anunció abiertos, el seis de abril de 1896, los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas. Foto: Tomada de Internet.

El rey Jorge V de Grecia está más cerca de la gloria que con la mayoría de sus decretos cuando, el 6 de abril de 1896, anuncia para el mundo y los 70 mil congregados en el estadio Panatenaico, de la capital de Grecia: “Declaramos abiertos los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas”.

Según el calendario juliano, usado por los helenos, se vivía el 25 de marzo de ese año. Había resurgido una de las más grandes fiestas de la humanidad, rescatada por Pierre de Coubertin, en una escala superior propia de la etapa: como toda continuidad debía contener ruptura o iba al fracaso. Se realizaba intentando vencer las discriminaciones anteriores.

Para los hombres libres pobres no había oportunidad en aquellas competencias dedicadas a Zeus, escenificadas en Olimpia, y en otras parecidas de calidad inferior; de los esclavos, ni hablar: eran “bestias parlantes”. La xenofobia lesionaba: los no nacidos en Grecia, llamados bárbaros, tampoco podían actuar.

En la cita inaugural del certamen moderno todavía imperaba el machismo. Las muchachas arribarían en los Segundos: París 1900 y, desde entonces, no pudieron parar su avance que ha embellecido y hecho más digna la cita.

Los olimpistas debieron derrotar cientos de obstáculos de los gobiernos y entre los clubes y federaciones, incluso en el pensar de los privilegiados y aun los de abajo, a los que no les querían permitir siquiera facilidades para el ocio ni que lo tuvieran.

Con leer esta ley del Amateur Athletic Club de Londres cualquiera se da cuenta de las filosas espinas a derrotar: “Es amateur todo aquel caballero que no haya participado nunca en una prueba abierta, accesible a todos, o por el dinero procedente de las entradas al terreno o ventajas similares; que no haya sido nunca, en ningún momento de su vida, profesor o monitor de ese género como medio de vida y que no sea obrero, artesano ni jornalero”.

Esa visión aristocrática continuó de alguna manera molestando al sector con un amateurismo extremo, imposible, desligado de la existencia.

De medir así a bailarines, escritores, pintores, escultores, científicos, abogados, etc, que cobran por lo que realizan en su labor, la humanidad no se habría desarrollado.

En la cultura física ha sido freno e impulso para la doble moral y la simulación. Como expresó Coubertin, calificado incorrectamente de un santón del amateurismo, solo haría posible la incorporación al deporte de los de arriba.
No por gusto señaló en diversas reflexiones ser contrario a esa excesiva y falsa pureza.

Volvamos a la magna lid: contienden 285 representantes de Alemania, Australia, Austria, Bulgaria, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Suecia y Suiza.

Programa de nueve disciplinas: campo y pista, lucha greco, levantamiento de pesas, tiro, esgrima, tenis, natación, gimnasia y ciclismo. No premiaron con medallas.

Primer campeón olímpico moderno: el triple saltista James Conolly de Estados Unidos, con 13.71. El más rápido: Tom Burke, de la misma nacionalidad: 12 segundos; ganó también los 400 (54.2). Los más fuertes: Jensen, de Dinamarca, 111, cinco kilos con ambas manos, y el inglés Elliot, 71 con una.

Estrella de la natación: el magyar Alfred Hajos, dueño de 100 y mil 200 estilo libre: 1. 22.2 y 18.22.2. Rey del ciclismo, el francés Paul Masson por sus tres doradas; el tenista británico Bolan, par de cetros; los hermanos Paine (USA) sobresalen en tiro.

Monarca en florete, el galo Gravelotte; en sable, Georgiadis, de la sede. El gran polifacético: el germano Carl Schumann, oro en lucha, en la prueba individual de saltos al caballo, en barra fija y paralelas por colectivo, sexto puesto en salto largo.

El más famoso: el cartero griego Spiridon Louis, as del maratón. Primer tramposo, en esa misma carrera y del mismo seleccionado: Belokas. Arribó tercero pero fue descalificado.

Para no herir al país sede, se planteó que el atleta se había equivocado al correr la ruta. En realidad, la conocía, practicó en ella y, para muchos, utilizó atajos a sabiendas de lo que hacía.

Primer juego limpio: solo le quedaba un contrincante al francés Leon Fleming, luego de que los demás abandonaron doblados por él: era Georgios Kolettis, pero la bicicleta del heleno se había estropeado.

Fleming bajó de su vehículo, lo ayudó a componer la cadena, lo esperó y, aunque le sacó varios kilómetros de ventaja, resultó determinante en que Georgios cruzara la meta como subtitular.

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