En el actual contexto que vive Cuba y el mundo frente a la pandemia de la Covid 19, cobra fuerza la frase de José Martí cuando dijera, los seres humanos se dividen en dos bandos: los que aman y construyen, y los que odian y destruyen.
Desde marzo de 2020 hasta ahora, a más de un año en el combate por la vida desde que se introdujera en la isla el SarsCov2, un grupo cada vez más numeroso de cubanos (jóvenes en su mayoría), construyen puentes de amor y deber, contribuyendo así, en la preservación de la salud y la existencia de toda la sociedad.
Mientras ellos laboran intensamente en los servicios médicos y paramédicos, dentro de la denominada línea roja o, área de mayor peligrosidad, renunciando a horas de sueño, aportando todo su intelecto en los laboratorios científicos, valorando los candidatos vacunales anti Covid19, e inclusive, desde sus elevados cargos decisores para expresar la voluntad política de la nación, pues la Revolución tiene como premisa, salvaguardar las vidas de sus hijos, otros, sin embargo, se dan el lujo de caer en la ignorancia.
Son los que cometen irresponsabilidades, exponiendo la vida de sus hijos y abuelos, a la vez que se convierten en generadores de opiniones hipercríticas, hacia quienes tanto se sacrifican.
No es justo que unos aporten su tiempo, conocimientos, inteligencia y laboriosidad, mientras que otros, se quedan a la distancia y ni siquiera son capaces de hacer lo mínimo que les corresponden, cuidarse ellos y a sus familiares cercanos.
Otra actitud que encarnan los irresponsables, es la de hacerle el juego al enemigo, directa o indirectamente, y para ello, se vuelven eco de noticias falsas. Estas personas a la vez, multiplican en las redes sociales las fake news, como parte de las campañas difamatorias contra la Mayor de las Antillas.
Es hora del despertar para los pasivos e indiferentes, pues, esta es una lucha realizada por los activos y valientes, quienes aman y construyen, y merecen el respeto de todos.

